miércoles, 26 de febrero de 2025

EL BRUTALISTA: REFLEXIONES EN TORNO AL CAPITALISMO Y EL ARTE

Walter Benjamin (1892-1940), siguiendo la tradición marxista del arte, sostiene en
La obra de arte en la era de la reproductibilidad técnica (1936), que la reproductibilidad del arte, a través del cine y la fotografía han cambiado la forma en que entendemos y percibimos el arte, es decir, ha permitido un proceso de masificación de la obra. Por otro lado, en el capitalismo, la obra de arte se reduce al valor de cambio, es decir, su precio en el mercado.
 
Desde esta base, me gustaría empezar una reflexión que se da desde una película nominada al Oscar y que, en mi opinión, es de lo mejor que se presenta entre el 2024 y el 2025: El Brutalista, así como observar la interesante manera en que diferentes expresiones artísticas pueden relacionarse, como el cine, la arquitectura (de lo que trata la película), con la pintura y la reflexión filosófica.
 
El brutalismo se define como un estilo arquitectónico surgido en el Reino Unido durante la década de 1950 durante la posguerra. Usa materiales como hormigón y concreto. Se podría decir que estéticamente no es bello, pero sí funcional. Se podría decir que muchas construcciones actuales han heredado ese estilo.
 
La película El Brutalista, dirigida de manera estupendamente por Brady Corbet, escrita por el mismo Corbet y Mona Fastvolt y musicalizada brillantemente por Daniel Blumberg, narra la vida del personaje ficticio Lazlo Toth, interpretado por Adrien Brody. El personaje es un arquitecto húngaro judío quien sobrevive al Holocausto; viaja a Estados Unidos cuando este país está entrando a la Modernidad, él ha tenido que dejar a su esposa e hijos viviendo en una situación de pobreza y miseria intolerable.
 
La película nos va trasladando por la vida del migrante posguerra en Estados Unidos: trabaja para su primo Atila, quien se ha hecho cristiano y estadounidense en Pennsylvania; esto lo hace víctima de abusos y calumnias, hasta que, es un trabajo que hace para su primo, conoce a Harrison Lee Van Buren (interpretado por Guy Pearce) quien al ver el talento del arquitecto (que en principio no lo nota) decide contratarlo para que construya un gran instituto público que será la muestra de su grandeza (típico suelo del capitalista)
 
Durante los años que pasan en la construcción, ocurren diferentes acontecimientos que ponen en peligro la obra, así como la relación entre Toth y Van Buren; sin embargo, la obsesión del arquitecto por terminar el trabajo, se hace incomprensible para el espectador hasta el final de la película.
 
Van Buren muestra su “bondad y poder” al ayudar a Toth para que, su mujer, ahora en silla de ruedas y, la sobrina de ambos, a quien quieren como una hija, lleguen a los Estados Unidos con la ayuda del abogado judío del empresario, pero esa “bondad” se quiebra en algunas escenas, como en el momento que le arroja unas monedas delante de la mujer del arquitecto y sus invitados, cuando lo humilla en el trabajo y, cuando lo ultraja.
 
Muchas interpretaciones de la película abordan la tesis del modo cómo llegan los inmigrantes para conseguir nuevas oportunidades, la pujanza de la sociedad estadounidense durante la posguerra, la construcción del legado estadounidense en contraste con su pasado esclavista y segregacionista y, las complicaciones de una nueva vida para los que llegan. Incluso, alguna interpretación, sostiene que Toth representa a muchos profesionales, quienes sobrevivieron a los campos de concentración y reconstruyeron sus vidas, así como sus carreras en los Estados Unidos. Estas interpretaciones son correctas, pues la interpretación debe ser juzgada desde su relación y argumentación en cuanto al aspecto interpretado; empero, tenemos otra interpretación: el afán del capitalismo por poner al arte a su servicio.
 
En el año 1933, unos años antes del contexto en que nos ubica la película, Nelson Rockefeller, presidente de la junta del Centro Rockefeller, en Nueva York, contrató al famoso muralista mexicano Diego Rivera para que pintara un mural en el vestíbulo del edificio Rockefeller. El mural que Rivera pintó fue El Hombre Controlador del Universo, el cual representaba la lucha entre el capitalismo y el comunismo, colocando a Lenin como una de las figuras principales.
 
Rockefeller consideraba que la figura de Lenin en el mural, era una propaganda comunista y que, por ende, debería ser eliminada de “su mural”; ante esta cuestión, Diego Rivera se negó alegando que era una obra de arte y, no podía censurarse. Esto llevó a una disputa en los medios de la época, concluyendo en la destrucción del mural sin ser este exhibido públicamente, pero sí pagados los servicios de Rivera, porque todo se arregla con la chequera.
 
Al año siguiente, en 1934, el entonces Ministro de Educación Pública de México, José Manuel Puig Casauranc, encargó a Diego Rivera pintar el mural en el Palacio de Bellas Artes de México; esto fue luego apoyado por Narciso Bassols, quien sucedió en el cargo a Puig.
 
No concuerdo con la visión marxista o, en una de las tantas visiones que salieron como fruto de malas interpretaciones del pensamiento de Karl Marx, quienes definen al arte como una herramienta al servicio de la lucha de clases. Yo creo que el arte debe tener libertad para cuestionar la sociedad, desde una visión libre del artista, lo cual, no se puede lograr desde la visión marxista, ni desde una visión capitalista, pues ambas terminan haciendo del arte y, por añadidura, del artista, un servidor de sus intereses.
 
El filósofo alemán, Theodor Adorno (1903-1969), representante de la segunda generación de la Escuela de Frankfurt, nos presenta una interesante reflexión acerca de la función del arte en la sociedad. Para él, desde la teoría crítica, el arte debe ser autónomo y crítico de la sociedad, es decir, no necesariamente una expresión de la cultura de masas, pues no porque le guste a la mayoría, significa que es crítico. Ese aspecto lo vemos en la actualidad, donde se intenta democratizar toda expresión humana, llevando desde la decisión de la mayoría, hacia lo que se cree mejor para todos.
 
Adorno propone la idea de “arte negativo” donde plantea dos funciones del arte que deben ser diferentes a las establecidas: Capacidad del arte para cuestionar y criticar la sociedad, en lugar de reflejarla y adornarla; capacidad difícil y desafiante del arte, ante el facilismo y el consumismo del mismo. Así mismo, Adorno señaló que el arte está dominado por una industrialización capitalista que produce una cultura de masas superficial y alienante, ante la cual, el arte debe poner resistencia.
 
Esta relación, tan clara entre el arte y el capitalismo, que a la vez se ha manifestado en diferentes etapas históricas, como en el Renacimiento, cuando los Mecenas patrocinaban el arte, se traslada hasta la modernidad y, en el caso la película El Brutalista, esta relación es evidente y, no difiere en mucho de la que, probablemente tuvieron Miguel Ángel y Julio II, Sandro Boticelli y Lorenzo de Médici o, Diego Rivera y Nelson Rockefeller, por poner solo algunos ejemplos de los muchos que debe haber en la historia del arte. Es cierto que lo ideal es la libertad del artista; sin embargo, cabe preguntar: ¿Hasta qué punto la sociedad, la cultura, la educación y, el Estado en que vivimos, permite esa libertad? Porque, en muchos casos, la sociedad y el Estado, más que entender el arte, así como el trabajo del artista, termina siendo quien censura ese trabajo, por causas morales, religiosas y anacrónicas, sin intentar entender, sino simplemente censurar, porque se debe censurar.

martes, 18 de febrero de 2025

TOMANDO CAFÉ CON MICHAEL WALZER: DIÁLOGO EN TORNO A LAS ESFERAS DE LA JUSTICIA Y ACTOS CONSENTIDOS

 
El siguiente artículo es un diálogo imaginario entre el autor del presente texto con uno de los más importantes representantes del Contractualismo Filosófico: el profesor Michael Walzer, desde la obra Actos Consentidos y la propuesta del filósofo en su famosa obra: Las Esferas de la Justicia de 1982.

Cabe resaltar que es un diálogo imaginario, pero en el que el autor, desde la lectura que hizo del texto de Michael Walzer, intentando responder de la manera como, tal vez, el intelectual estadounidense lo haría. Este diálogo es producto de la afición del autor por los Diálogos de Platón, el teatro y la literatura. Espero sea del agrado de quien lo lea.
 
El diálogo ocurre en un café, después de ver la obra Actos Consentidos.
 
- Autor del artículo (AU): Buenas noches, profesor Walzer. Como admirador de su obra, es un gusto poder conservar con usted en torno a la obra teatral que hemos visto y, a la luz de su libro, Las Esferas de la Justicia.
- Michael Walzer (MW): Muchas gracias. Me alegra poder conversar en torno a un tema que trabajo hace años y, es una buena oportunidad de conversar acerca de un tema que me apasiona.
-  AU: ¿Cree usted que la justicia puede ser injusta?
- MW: Es una pregunta muy profunda y compleja de responder. La justicia la defino como una distribución de bienes y recursos que se ajusta a los principios de distribución justa que se da en diferentes esferas de la vida social.
-  
AU: ¿Quién define esa distribución justa?
-  MW: Debe ser definida por la comunidad política y social en la que se aplica.
-  AU: Entonces, ¿no debe ser definida desde afuera de la comunidad?
- MW: No, no puede ser impuesta desde fuera de la comunidad; por el contrario, esta debe ser defendida por los miembros de la comunidad, porque ellos son los que se benefician o se ven afectados por ellas.
-  AU: Me parece que, al ser de ese modo, ¿guarda relación con el concepto de ley?
- MW: ¡Por supuesto! La ley debe ser una, porque la justicia se debe aplicar de manera universal y obligatoria, estando diseñada para proteger los derechos e intereses de todos los miembros de la comunidad.
- AU: Luego, desde ese concepto, en la obra Actos Consentidos, hemos visto un ejemplo de cómo la ley puede resultar injusta, al no considerar los intereses de todos los ciudadanos.
- MW: Lo que ocurrió con el personaje de Gayle, es que era un tipo de ciudadano que no estaba contemplado en la ley y, se terminó dando un acto de injusticia y exclusión.
- AU: Entonces, ¿podemos decir que una ley, que representa la justicia, puede ser injusta?
- MW: Así es.
- AU: Se viene a la mente un caso muy sonado: el caso de Rodney King ¿Conoce, usted, ese caso?
- MW: Sí. Fue en 1992, cuando un jurado absolvió a cuatro policías blancos después de maltratar y golpear brutalmente a un joven negro.
- AU: ¿Es comparable con el caso de Gayle en la obra?
- MW: Creo que, en parte, porque en ambos casos se usa la ley a conveniencia de abogados que saben usarla para manipularla a su antojo; como en el caso del personaje de Edward: un abogado que usa un conjunto de leyes mal hechas a su favor. En el caso de la obra, se nota que las leyes usadas no son fruto de la deliberación. Además, de no presentar la importancia de la diversidad y pluralidad.
- AU: En la obra, podemos ver que los abogados usan constantemente la expresión: “es la ley”, como asumiendo que esta es infalible; sin embargo, en su propuesta acerca de la ley, estamos viendo que sí esta no contempla a los ciudadanos, es falible ¿Este problema de la ley se enfoca en una sola esfera o puede dirigirse a varias?
- MW: Mi propuesta en Esferas de la Justicia, señala que la justicia se debe aplicar en diferentes esferas de la vida social, tales como: política, económica, social y cultural. Estas esferas se basan en tres principios: igualdad, equidad y protección.
- AU: ¿Es posible que, usted mismo nos dé una breve explicación de esos principios? Lo que creo yo, no exime a nadie de leer tan interesante trabajo. De antemano le pido disculpas si interrumpo las diferentes definiciones que va explicando sus diferentes definiciones, pero sería bueno preguntar sobre la respuesta.
- 
MW: No hay problema. Es parte del diálogo. Cuando escribí Las Esferas de la Justicia, lo hice pensando en diferentes ámbitos. En cuanto a la esfera política, nos referimos a la distribución del poder y la autoridad en la sociedad, lo que quiere decir que la justicia política requiere igualdad de derechos y oportunidades para todos los ciudadanos.
- AU: Entonces, ¿desde esa visión, podemos decir que la esfera de la justicia política se puede desprender de Actos Consentidos?
- MW: Desde luego, porque en el personaje de Gayle, vemos cómo la ley, siendo manipulada por un ducho abogado, puede hacer que, aunque en apariencia haya igualdad frente a ella, en realidad la igualdad de oportunidades no se da.
Tenemos a Tim, un fiscal que no es abogado de ella, tenemos a Edward, quien va defender al acusado de haberla violado, pero ¿quién defiende a Gayle?
- AU: He leído en su obra que usted también aborda una esfera económica ¿Es posible relacionar la obra desde ese punto, así como desde la igualdad que señala en la esfera política?
- MW: Por supuesto que sí. La justicia económica se refiere a la distribución de los recursos y riquezas de la sociedad, esto significa que esta esfera requiere la distribución equitativa de recursos y la riqueza.
El personaje de Gayle, no recibe justicia porque no tiene recursos económicos para pagar un buen abogado, mientras que, el acusado sí los tiene. Cuando la justicia se aplica, según la capacidad económica de poder pagar una defensa, o no, estamos frente a un problema de injusticia.
- AU: En estos últimos años, se acusa de socialista-comunista, como si ambos términos significaran exactamente lo mismo, a los que hablamos de una redistribución económica.
- MW: Sí, se está dando esa tendencia por muchos lugares. El hablar de derechos económicos y seguridad social adecuada, no nos hace socialistas, ni comunistas y, si así fuera, qué bien; pero no es así y, no lo es por definición de dicha propuesta filosófica: el socialismo y el comunismo, que se relacionan, sin ser lo mismo, llegan a una radicalidad muy compleja y, hasta cierto punto, utópica; en cambio acá, estamos hablando de equidad, pero entendiendo las diferencias que pueden haber.
- AU: Por supuesto, porque tampoco podemos negar el esfuerzo y el trabajo de unos frente a otros. Parece que el problema radica en la intolerancia hacia un pensamiento divergente con el neoliberalismo económico; sin embargo, creo que la intolerancia viene de ambos extremos, así como de algunos sectores que se declaran centro.
- MW: Así es. El neoliberalismo, así como el comunismo, son extremos y, al ser extremos, ven a cualquiera que se les oponga, como parte de un extremo.
-  AU: ¿A qué cree que se deba ese “maniqueísmo” económico y social?
-  MW: A que la naturaleza de un extremo es ver las ideas desde un etnocentrismo fuerte, no abrirse a un término medio y, no aceptar la posibilidad que pueden estar equivocados. Es en ese lugar donde podemos encontrar las otras dos esferas donde se debe preservar la tolerancia: la esfera social y la esfera cultural.
- AU: Esa relación debe ser realmente interesante.
- MW: Sí, claro que lo es. La esfera de la justicia social se refiere justamente a los beneficios y cargas de la sociedad. Esta esfera requiere que se presenten igualdad de oportunidades, así como la protección de los grupos marginados.
En el caso de Actos Consentidos, así como en el caso de las sociedades neoliberales, esta igualdad de oportunidades no se da. Gayle no tiene la oportunidad de contar con una buena defensa de sus derechos.
- AU: En la educación, esa desigualdad la podemos ver en una educación estatal deficiente ¿Qué opina al respecto?
- MW: Creo que la injusticia, en ese caso, es evidente, pues el hecho de que haya diferencias entre la educación estatal y la privada, hay que sumarle el triste hecho de que la educación termina siendo el privilegio de quien puede pagarla, así como la justicia también puede caer en ese vicio.
- AU: ¿Qué propondría usted como alternativa al neoliberalismo económico?
- MW: Una socialdemocracia, es decir, una combinación de economía de mercado, con una fuerte regulación gubernamental y una red social de seguridad para proteger a los ciudadanos vulnerables.
- AU: ¿No cree que lo podrían acusar de asistencialista al hablar de una regulación estatal de protección?
-  MW: Me pueden acusar de muchas cosas debido a la tendencia actual de acusar; sin embargo, creo que mi propuesta no es asistencialista, sino que tiene aspectos de simple equidad, porque los problemas debe solucionarlos quien los ha provocado; el problema de la pobreza ha sido provocado por un Estado que permite que eso ocurra; luego quien provocó el problema, debe solucionarlo. Es simple lógica silogística.
- AU: ¿Cree usted que un Estado indiferente o, promotor de desigualdades es peor que un Estado asistencialista?
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MW: Creo que ambos son negativos. Lo correcto es el equilibrio, la equidad en cuanto a la repartición adecuada de justicia. Eso nos saca de cualquiera de los dos extremos: el indiferente y el asistencialista.
-  AU: Creo que nos falta abordar una esfera.
- MW: Sí, la esfera cultural. Esta es abordada desde la idea de que se debe cuidarlos recursos y la protección de la diversidad cultural. Esto implica un aspecto trabajado por Anthony Appiah y Charles Taylor: el reconocimiento, así como el modo de tratar esas diferencias.
- AU: Exactamente eso quería mencionar a esos dos importantes filósofos de este tiempo. Ambos trabajan de manera correcta el tema de la cultura, aunque también son objeto de crítica.
- MW: La crítica es el mejor homenaje que se le puede dar a un autor, porque eso significa que están leyendo tu obra. Todos los que escribimos y, postulamos una teoría, estamos expuestos a la crítica. Eso, en la filosofía, como en la vida misma, es normal.
En cuanto a Chales Taylor y Anthony Appiah, creo que, en algunos aspectos de su trabajo, estoy de acuerdo. Con Appiah concuerdo en que la cultura se forma interactuando con otras culturas, pues no es estática; sin embargo, no estoy de acuerdo de desnacionalizar la cultura, porque yo creo que la identidad cultural, está arraigada en la historia y tradición de un pueblo.
- AU: ¿Y en cuanto a Charles Taylor?
- MW: Creo, como mi colega, que la diversidad cultural es una riqueza que debe ser valorada y respetada; sin embargo, creo que su pensamiento puede concluir en darle ciertos derechos especiales a las minorías y, eso no debería ocurrir, pues los derechos deberían ser iguales para todos.
- AU: Profesor Walzer, ha sido un verdadero placer y gusto para mí, como admirador de su propuesta filosófica, haber podido compartir este diálogo después de ver Actos Consentidos y, así poder reflexionar con usted en torno a su obra y la propuesta teatral.
-  MW: Muchas gracias. Ha sido para mí un gusto ver una buena obra y reflexionar en torno a ella desde mi obra.
 
Creo que así lo imaginé, así lo propongo. Ojalá les agrade. Gracias.

 

jueves, 30 de enero de 2025

ANORA Y APPIAH: UN REFLEJO DEL INMIGRANTE DESDE EL COSMOPOLITISMO


Desde esta pequeña tribuna, me gustaría intentar reflexionar y entender lo que ocurrió con el señor Donald Trump durante su discurso como el 47° presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, en el que anunció la nueva política de Estado conforme a la deportación de inmigrantes ilegales.

En la reflexión que pretendo plantear en esta ocasión, deseo centrarme en dos fuentes que he podido ver, en el primer caso y, recordar, en el segundo: la nominada a mejor película en el Óscar 2025, Anora y, el texto del año 2006, escrito por el filósofo anglo-ghanés, Kwame Anthony Appiah: “El Cosmopolitismo: La ética en un mundo de extraños”.

Anora es una película estadounidense escrita y dirigida por Sean Baker. La historia, una fusión de Cenicienta inmigrante contemporánea con una versión “hardcore” de Mujer Bonita que, le daría diarrea a los políticamente correctos directores de Disney y Netflix, traslada al espectador a la ciudad de Nueva York en la que, Anora, una joven y bella stripper de ascendencia rusa quien trabaja en un club nocturno en La Gran Manzana, desnudándose y bailando para los hombres por dinero (no pongo el término prostituta porque no estoy seguro si el término prostituta es el correcto; no porque me gusten los eufemismo, pues no me gustan). La vida de esta joven, transcurre entre el trabajo y la casa donde vive cerca a los rieles de un tren. Ella vive con su hermana y el marido de esta. Anora duerme durante el día, guarda parte del dinero que gana, fuma y come mal. Estos primeros momentos, muy bien trabajados por Sean Baker, nos van mostrando la realidad de muchos inmigrantes que parecen haber renunciado o, en todo caso, decepcionado, del “american dream”.

La vida de Anora transcurre vacía y sin mayor sentido hasta que, conoce en el club nocturno donde trabaja, a Ivan “Vanya” Zakharov, joven adicto a las drogas, irresponsable, parrandero y despilfarrador del dinero de su padre, un oligarca ruso. Él se convierte en su cliente particular y ella, comienza a prestarle servicios sexuales en la mansión de él. La escena cuando entra ella a la residencia de él por primera vez, guarda una muy buena metáfora: ella queda maravillada con la ventana, que tendrá otra metáfora luego, y a través de ella, ve maravillada una nueva realidad que se abre ante sus ojos (excelente trabajo de cámaras). Las visitas de ella a la mansión se tornan frecuentes hasta que, él, en una clara e inteligente burla contra Mujer Bonita, le ofrece 15 mil dólares para que ella sea su “novia” por una semana (ella le dice que pudo aceptar por 10 mil a lo que él responde que pudo ofrecer 20 mil). En esa semana, viajan a Las Vegas, viven del despilfarro y las drogas hasta que, deciden casarse.

Ella ve en él la oportunidad de salir de esa vida tediosa y dura (quien diga que la vida de las prostitutas es fácil, creo que no sabe de lo que habla). Este elemento es el que saca el romanticismo de la película y, en ese momento, se torna en una buena propuesta: el drama de los inmigrantes que buscan cualquier oportunidad para salir de la situación en la que viven, pues cuando la oligarca familia rusa se entera que su hijo se ha casado con una prostituta, usarán todos los medio, legales e ilegales, para anular un matrimonio que no se debió realizar y, en ese contexto, van utilizar el dinero y pagar a la “limpia y correcta justicia estadounidense” para que les sirva.

Ante la debilidad de carácter que muestra Ivan frente a su familia, Anora llora y trata de convencerlo para que no se deje llevar y mantenga el matrimonio, pero no ruega porque lo ama, le ruega porque entiende que se va la oportunidad de una vida diferente; sin embargo, no puede evitarlo, por lo que, se da otra metáfora: ella debe abandonar la mansión y, a diferencia de la primera ocasión, la imagen es triste por la nieve, lo que refleja la tristeza de que no volverá a la vida que quería y sí lo hará a la que no quería.

En Anora podemos ver, como señalamos líneas antes, que el sueño americano no es lo que realmente venden las películas de Hollywood; ese es el trabajo que viene realizando en diferentes películas, Sean Baker: desmitificar el mito, mostrando lo que realmente vive un inmigrante en los Estados Unidos de Norteamérica y lo difícil que puede ser construir un sueño en una sociedad que es mucho más complicada de lo que suelen mostrarla.

Dentro del contexto de inmigración y, de tener que salir por algún motivo del lugar del cual uno es parte, hace algunos años, la filosofía se ha planteado este problema bajo el nombre de cosmopolitismo, el cual ha intentado e intenta responder a una pregunta más que compleja: ¿Cómo podemos hacer para convivir en un mundo en el que evidentemente somos diferentes? Uno de los pensadores contemporáneos que más ha trabajado este tema es Anthony Appiah, justamente desde su condición de inmigrante.

El filósofo anglo-ghanés, define el cosmopolitismo como una forma de pensar y vivir, que combina la lealtad a la propia cultura y comunidad, con la apertura y el respeto hacia otras culturas y formas de vida, es decir, doy al otro, el respeto cultural que pido para mí. Esto nos lleva a la apertura de un etnocentrismo débil, lo cual se hace complicado en una sociedad donde la inmigración es fuerte, porque generalmente, el inmigrante debe adaptarse a la sociedad que lo recibe: sin embargo, eso no es necesariamente malo, pues existen leyes que son universales; el problema se da con las cuestiones culturales y, más complejo se torna el problema cuando estas cuestiones culturales están legisladas.

Todos estos elementos nos hacen ver que la inmigración es un fenómeno más complejo de lo que se pretende ver, pues no solo contempla aspectos legales, sino que contempla aspectos culturales que deben ser debatidos desde una perspectiva dialógica amplia. El problema radica en ver al inmigrante desde las perspectivas locales en desmedro de la condición del otro; además es importante resaltar que no es un papel de nacionalidad lo que hace a una persona parte de un lugar, pues hemos visto que muchas personas pueden tener documentos de nacionalidad en un país sin haber creado una identidad con él porque su cultura resulta ser más fuerte que la legalidad de un documento.


En la obra mencionada, Anthony Appiah propone una serie de principios que podrían ayudar en este entendimiento y apertura cultural: Primero, universalismo, esto es, todos los humanos compartimos una humanidad común y por eso, debemos tratarnos con dignidad, independientemente de nuestra cultura. Segundo, aprender de las diversidades culturales y formas de vida, pues estas pueden enriquecernos. Tercero, debemos ser críticos con nuestra propia cultura y, estar dispuestos a cambiar y mejorar aquellos que sea cambiable y mejorable. Por último, la educación y el diálogo son fundamentales para promover el cosmopolitismo, de tal modo que podamos superar los prejuicios y estereotipos.

Una de las críticas a la propuesta de Appiah es, justamente el problema que ocurre hace años en el proceso inmigración: no pone suficiente atención a las estructuras de poder y dominación, quienes pueden poner trabas al proceso cosmopolitista. Efectivamente, ese es el problema con el que se lucha políticamente hace años: propuestas inteligentes desde la reflexión, pero poca disponibilidad de una clase política a la que no le interesa avanzar en estos temas.

Es un tema muy interesante de reflexión y una muestra clara de cómo el cine, junto con la filosofía pueden tratar de un tema común, enriquecedor, útil y actual. Estemos atentos a cómo se va dando el proceso del trato a los inmigrantes en esta nueva administración en el país del norte.

jueves, 23 de enero de 2025

NOSFERATU: LA VUELTA DEL EXPRESIONISMO ALEMÁN EN TORNO AL HOMBRE NUEVO DE FRIEDRICH NIETZSCHE

 En 1922, el cineasta Friedrich Wilhelm Murnau, dirigió una adaptación no autorizada de la novela “Drácula” de Bram Stoker, pero al no ser autorizada por la familia del escritor irlandés, se tuvieron que hacer cambios significativos en cuanto a la trama y los personajes.

Los nombres que se usaron para los personajes, así como algunas características de la criatura: en Drácula, el vampiro se llama “Conde Orlock”, interpretado por Max Schreck; el personaje de Jonathan Harker se convierte Hutler, interpretado por Gustav Von Wanenhum; Mina en Ellen, interpretada por Greta Schoder; y el doctor Van Helsing, en el profesor Bulwer, interpretado por John Gottowt.

Otros aspectos que cambian entre el libro y la versión cinematográfica son varios: Primero, la ubicación: la novela se desarrolla entre Londres y Transilvania; mientras que la película Alemania y Transilvania. En segundo lugar, la historia de fondo del vampiro: en la novela de Drácula, el personaje es un noble transilvano que se convierte en vampiro por un pacto con el diablo; en la película, Orlok es un vampiro que ha estado vivo durante siglos. En tercer lugar, en la novela, Drácula muere cuando se le clava una estaca; en la película, Orlok muere con la luz del sol. Por último, en la novela, Ellen es pasiva y se sacrifica para salvar a su esposo.

El motivo por el que he querido plasmar estas diferencias es porque la versión del 2024, dirigida por Chris Columbus, ha rescatado muchos aspectos de la versión de hace 102 años, es decir, es laudable la capacidad de poder, después de un siglo de diferencia, usar adecuadamente las herramientas del cine actual, pero sin distorsionar la versión original. Ambas versiones rescatan la exageración de una atmósfera oscura y gótica; el uso de luces y sombras para crear el ambiente tenso y angustioso. Ambas versiones usan un maquillaje que da un aspecto de monstruosidad a la criatura y, por último, ambas versiones cuentan una historia de terror y misterio con un ritmo que comienza lento, pero que intensifica la trama conforme esta avanza. 

Un punto importante a reflexionar, también lo encontramos en la manifestación del Expresionismo Alemán en la versión de 1922 por ser el movimiento artístico de la época y, el no dejar esa tendencia en la versión del 2024, hace que podamos ver una versión que no rechaza la esencia del original; sino que, por el contrario, la complementa y la enriquece. Para los lectores que están interesados en el Expresionismo, cabe recalcar que este se caracteriza por la representación subjetiva, deformada y distorsionada de la realidad, captando el interior del artista.

Sumando a las características del Expresionismo Alemán, se pueden agregar elementos de la Época Victoriana. A pesar de que, ambos acontecimientos son distintos y, se manifestaron en épocas diferentes, presentan aspectos similares, como la influencia del Romanticismo, lo sobrenatural, lo irracional, así como el uso de la sombra y la luz; sin embargo, lo que más llama la atención es el rol de la mujer que se hace notar tanto en una, como en otra versión. En la Época Victoriana, la mujer era vista como débil y subordinada al hombre, cumpliendo un papel de sumisión; en cambio, la visión del Expresionismo Alemán, acerca de la mujer, era ambigua: por un lado, eran vistas como símbolo de libertad; además, en el cine expresionista, las mujeres eran representadas como figuras misteriosas y seductoras.

De lo anterior, uno de los conceptos más interesantes del Expresionismo es el de “Hombre Nuevo”, como aquel que es capaz de romper con los valores de la sociedad burguesa y encuentra una nueva manera de vivir en la ruptura con las convenciones culturales y sociales de la época.

La filosofía de Friedrich Nietzsche también está presente en la reflexión acerca de la película, así como en el contexto y el concepto del Expresionismo Alemán, pues este movimiento se inspiró en el pensamiento del filósofo alemán, especialmente en su concepto de “Superhombre”. Para Nietzsche, el “Superhombre” era un ser que había trascendido los valores y las limitaciones de la sociedad burguesa, siendo el creador de sus propios valores, así como de su propia moral.

En el contexto de hombre nuevo del expresionismo, cabe el entendimiento de un ser que había roto con las convenciones sociales y culturales de su época, habiendo encontrado una nueva forma de vivir y de expresar sus auténticos valores, siendo más libre y creativo. Este “hombre nuevo” se caracteriza por rechazar los valores burgueses; la vivencia de la autenticidad y la sinceridad al expresar su existencia; es un ser libre y creativo; y experimenta una revolución interior en la que rechaza valores y convenciones sociales.

En la práctica, el hombre nuevo se manifiesta en la creación de obras de arte que eran experimentales e innovadoras; así como la creación de grupos de buscaban vivir de acuerdo a los valores del “hombre nuevo”.

Lo interesante en cuanto la relación entre el Expresionismo Alemán y la filosofía de Nietzsche, en torno a la idea del “nuevo hombre”, la encontramos en la figura del Conde Orlok en la película, este ser representa realmente al “Hombre Nuevo” que ha trascendido los valores y convenciones, por lo que la sociedad burguesa ha querido destruirlo. Este conde es un ser extraño, desconocido y temido por la sociedad, que no entiende su naturaleza y comportamiento.

En la película, también podemos ver a Hutter y Ellen, quienes representan a la sociedad burguesa y, ven al Conde Orlok como una amenaza que deben destruir. Esto puede ser visto como una metáfora por medio de la cual, la sociedad burguesa intenta destruir todo aquello que no comprende, le puede parecer extraño, diferente o que no se ajuste a sus valores.

La película, desde el Expresionismo Alemán, puede ser vista como una crítica abierta a la sociedad burguesa y todo lo que esta simboliza; sin embargo, es importante verla desde una perspectiva abierta, pues al ser una interpretación, podría tener otro sentido desde la perspectiva del director.

 

 

miércoles, 22 de enero de 2025

BABYGIRL: REFLEXIONES EN TORNO A LAS METÁFORAS DE LA SEXUALIDAD Y EL PSICOANÁLISIS

Siempre, como espectador, es agradable ver una película que pueda darnos esperanzas que no todo en el cine está perdido; además es mejor cuando esa película nos lleva a reflexionar acerca de la condición actual de la sociedad y el mundo. Ese es el caso de la película que me gustaría reflexionar.

Babygirl es una película estadounidense, estrenada en agosto del 2024, en el contexto del 81° Festival Internacional de Cine de Venecia y, es una de las buenas películas llegadas a la cartelera cinematográfica peruana durante el año 2025. Esta es una cinta de suspenso erótico, escrita, dirigida y coproducida por Halina Reijn y, protagonizada por Nicole Kidman, Antonio Banderas, Harris Dickinson y Sophie Wilde.

Las actuaciones resaltan por su estética y complejidad argumentativa e interpretativa. En el caso de Nicole Kidman, estamos, probablemente, frente a una actuación perfecta y, de lo mejor en la carrera de la actriz australiana; además, en muchos aspectos, esta actuación se asemeja a la que realizó en “Eyes Wide Shut” de 1999, donde fue dirigida por el genial Stanley Kubrick.

Lo interesante de la película radica en el tratamiento de temas actuales, así como filosófica y psicológicamente interesantes, intensos, sólidos y polémicos; tales como el poder, el control, el deseo, los tabúes y la represión sexual femenina. Todo esto dentro de un buen guión.

El modo en que la directora aborda el problema del tabú sexual, a través de la represión sexual de la mujer, así como, la crítica hacia aquello que escapa a esa “normalidad sexual”, lleva al espectador a plantearse cuestiones tales como: ¿Es posible que una mujer que tiene el poder del mando sobre muchas personas, puede caer en una situación de dominio en la que siente placer al ser controlada por otra persona? ¿Quién determina los límites de aquello que podemos denominar como sexualmente correcto? ¿Cuáles son los límites de la sexualidad y quién o qué determina lo que se suele llamar una “sexualidad sana”? Son algunas de las cuestiones que el espectador puede plantearse.

Desde el planteamiento de la trama, es interesante buscar que comprender cuál es la propuesta cinematográfica y crítica de la película, a través de las diferentes metáforas que se van planteando en el desarrollo. Romy, una mujer quien trabaja como directora ejecutiva de alto rango en una empresa tecnológica en la ciudad de Nueva York, está casada con Jacob, un director de teatro con quien tiene dos hijas y, llevan una vida aparentemente satisfactoria, pero eso es, aparentemente, pues ella, en realidad lleva una doble vida sexual: finge estar satisfecha con las relaciones sexuales con su esposo, pero en verdad necesita otros estímulos para satisfacerse. Esta relación puede ser vista como una crítica a la forma en que la sociedad mantiene la idea de que el placer y la satisfacción de las mujeres sea un aspecto secundario al placer del hombre. Se nos muestra que la mujer puede tener placer y satisfacción, pero esto puede ser negado y reprimido en favor del hombre.

Es posible extrapolar la relación de Romy y Jacob hasta por lo menos, tres conceptos freudianos, tales como: El primero, El Complejo de Edipo, en tanto la relación entre ella y su esposo, pues ella puede estar experimentando un deseo hacia el progenitor opuesto, mediante un deseo inconsciente hacia su esposo, que se ve frustrado por su falta de satisfacción en la relación. Segundo, La represión del deseo, también se puede manifestar cuando Romy reprime su deseo y placer en la relación con su esposo; esta represión, puede llevar a la ansiedad, la frustración y la búsqueda de satisfacción en otras fuentes, como su amante. Tercero, el papel del inconsciente, que se manifiesta en la aparente no conciencia de Romy con respecto a sus verdaderos deseos y necesidades, pues ese inconsciente influye en nuestros pensamientos y deseos, lo que puede llevar a conflictos y contradicciones en la vida que, en el caso de Romy acabarían confundiendo su rol, en cuanto a la relación con Samuel, su amante.

A la empresa que dirige Romy, llega un grupo de pasantes; entre ellos, un joven llamado Samuel, muchos años menor que ella, con quien, a pesar de sus esfuerzos, termina teniendo un romance y experimentando sentimientos ambiguos, tales como el poder y control que ejerce él sobre ella, contrapuesto con el deseo que le permite explorar su sexualidad (es impactante la escena en que ella tiene un orgasmo y, como consecuencia de esa sensación, el llorar). Esto nos puede llevar a dos metáforas marcadas: En primer lugar, la relación de Romy y Samuel, puede reflejar una metáfora de la forma en que las mujeres son objeto de control y manipulación en las relaciones de poder. En segundo lugar, la forma en que Romy ha tenido que fingir orgasmos con su esposo, pero puede sentirlos con su amante, puede ser visto como una metáfora de la forma en que las mujeres pueden ser condicionadas a sacrific
ar su propio placer en favor de mantener la armonía y evitar conflictos.

Desde el Psicoanálisis, también podemos hablar de la transferencia, en cuanto que, la relación entre Romy y Samuel puede ser vista como una transferencia de sentimientos y deseos hacia una persona u objeto que no es el original, pues en un momento se hace inevitable que Jacob descubra el engaño de su esposa; sin embargo, ella confiesa que no ha dejado de amarlo, por eso, Samuel termina transferido a Japón y, ella vuelve con Jacob, sintiendo el primer orgasmo con él cuando ambos se han liberado de sus tabúes, siendo Samuel el sujeto a transfirió sus sentimientos, generando una solución momentánea del conflicto interno que, finalmente, se resolvió cuando pudo liberarse y, empezar a llevar la sexualidad como ella quería.

Por último, la relación que la película muestra entre Romy y los hombres, pues un ejecutivo de la empresa también quiere tener una relación con ella al descubrir lo de su amante, nos lleva a concluir en una crítica resaltante a la visión de la mujer como un objeto deshumanizado y explotado. Por todo esto, así como lo antes revisado, la película puede ser vista como una buena oportunidad para discutir el feminismo, la igualdad de género, la libertad sexual de ser manifestada.

Cabe destacar que las conexiones propuestas y el análisis no se sabe si es o no la visión de la directora; solo son las interpretaciones que un espectador pudo extraer cuando fue a ver esta película que le pareció de buen nivel, a pesar de que, un sector de la crítica especializada la haya catalogado de ligera y banal.   


jueves, 28 de noviembre de 2024

EL JOKER Y LA SUSTANCIA: REFLEXIONES EN TORNO AL DECONSTRUCCIONISMO Y LA FENOMENOLOGÍA

Hace mucho tiempo que no tenía la oportunidad de ver en una sola cartelera dos películas de tan buena calidad que me llevaran a una reflexión profunda como ha ocurrido en estas últimas semanas con nuestra cartelera local.

Hace cinco años, con el estreno de El Joker, escribí en este mismo espacio, un texto en el que comentaba las similitudes, así como el análisis del personaje, a la luz del existencialismo. En esta oportunidad, creo que el análisis se puede hacer basándose en el Deconstruccionismo y la Fenomenología, son de las disciplinas filosóficas más complejas.

No recuerdo en todos los años que llevo viendo cine, una secuela que tenga la intención directa de destruir una precuela. En el caso de El Joker 2, la intención de Todd Phillips es clara: destruir al personaje que ayudó a construir hace cinco años y que a Joaquin Phoenix lo llevó a ganar un Premio Oscar como mejor actor.

Una de las máximas del Deconstruccionismo Filosófico consiste en desestabilizar los significados establecidos mostrando las múltiples interpretaciones que puede haber y esto nos lleva a ubicar las diferentes interpretaciones y contradicciones dentro de los textos, así como los elementos que componen la realidad. Desde esta perspectiva, la película de la duda Phillips-Phoenix cumple con las funciones del Deconstruccionismo, pues no solo desestabiliza la ley de la continuidad muchas veces poco original de una secuela, sino que, además nos transporta a una nueva, diferente y fresca función dentro de las secuelas: la destrucción de su precuela y reinventar al personaje.

Es hasta cierto punto entendible la decepción de un grupo de fanáticos del personaje, ya que lo esperado es una continuidad; sin embargo, lo que presenta la pantalla es lo inesperado; este aspecto lo hace interesante: la interpretación diferente de aquello que se espera del personaje: que se realice una acción y termine ejecutando otra.

La Sustancia es una película que pertenece al género “Splatter” el cual es perturbador y no apto para todo público. En él encontramos características relacionadas con la violencia extrema, escenas brutales y sangrientas, así como un excesivo uso de efectos especiales para simular la muerte y las heridas sangrientas; sin embargo, lo que más nos interesa es la trama.

La película nos transporta por la historia de Elizabeth Sparkle (Demi Moore) una ex diva del cine, quien incluso tiene una estrella en el Paseo de la Fama y que, en la madurez de su vida, conduce un programa de aeróbicos al estilo de la década de la década de los ochentas. Su carrera entró en una etapa de decadencia y es despedida por el utilitarista y malvado jefe de la Cadena Televisiva, Harvey (Dennis Quaid). Ante la angustia de ver su mundo destruido, ella decide por recomendación de un enfermero, consumir “La Sustancia”. Esta es un químico que tiene indicaciones muy estrictas de uso: sirve para sacar tu yo potenciado, es decir, dos partes de una única persona, pero debiendo ambas convivir por turnos de una cantidad de días una y otra cantidad de días la otra persona que conviven en una sola persona. Al comienzo todo funciona, pues la nueva persona joven cumple bien el rol; sin embargo, al pasar las semanas, el trato se va alterando y, esto tre nefastas consecuencias para ambos seres que comparten la misma vida.

La situación entre ambas personas se altera porque el ser humano es un ser naturalmente egoísta y nunca se conforma con una oportunidad. Esto es debido a la naturaleza humana que no le interesa a quien sacrifique siempre que consiga su objetivo.

Esta película nos muestra, de una manera didáctica, cruda y real, la decadencia humana contemporánea que se refleja en una conciencia prejuiciosa alimentada por una sociedad construida para que el ser humano sea carente e infeliz siendo esta infelicidad fomentada por los medios de comunicación y de la sociedad de consumo contemporánea. Esta sociedad es el medio para vivir y mantenerse a través de expresiones sociales como la moda, el consumo y la belleza desde una apreciación banal del concepto.

La propuesta de la Fenomenología ante esta segunda parte de la realidad es útil para entender esta situación. En primer lugar, debemos entender que esta corriente filosófica se centra en el estudio de la conciencia tal como esta se vive: sin restricciones, prejuicios o interpretaciones externas, es decir, describir los fenómenos tal y como estos son.

Para entender mejor la propuesta, resulta imperativo definir definir dos conceptos importantes: conciencia y fenómeno: La conciencia es entendida desde la fenomenología como el núcleo fundamental de la experiencia humana, es decir, la conciencia es aquello que da sentido y constituye a los fenómenos y es intencional: es conciencia de algo, es trascendente, capta a los fenómenos fuera de sí misma; es flujo, esto es, no es estática, sino que está en continuo flujo de experiencias y es subjetiva: el yo viviente participa en la constitución del significado.

En cuanto al fenómeno, hablamos de aquello que se muestra o aparece a la conciencia tal y como es vivido o experimentado directamente. Estos fenómenos, contrariamente a lo que podemos imaginar, no necesariamente son materiales; los fenómenos no se definen por su naturaleza física, sino por el hecho de aparecer en la conciencia y ser vivido o percibido. Estas experiencias pueden ser experiencias del mundo físico, así como pueden ser experiencias internas, imaginarias o abstractas.

En cuanto a los fenómenos no materiales que debemos revisar, encontramos las emociones, los pensamientos y las experiencias espirituales (éticas y estéticas). Cabe aclarar que en la filosofía de Edmund Husserl el interés no está en distinguir entre el fenómeno material y el no material, sino el describir cómo estos fenómenos se dan a la conciencia. El modo para llegar a esta reducción fenomenológica consiste en “desaprender lo aprendido para aprender lo nuevo”.

La Fenomenología no trata la degradación de la conciencia porque su interés es describir a los fenómenos tal y como estos son, pero sí puede desviarse, ocultarse o perder claridad. Por ejemplo, para Edmund Husserl, la conciencia puede perder claridad cuando está cargada de prejuicios. Luego, es necesaria una búsqueda de claridad a través del aprender y desaprender.

Bajo estos conceptos, la degradación del ser se dará en tanto el prejuicio domine la humanidad y esto nos llevará a una existencia inauténtica heideggeriana en la que el hombre reemplaza la angustia de su existencia por la superficialidad de una vida de negación.

Estos elementos de superficialidad, negación y prejuicios de la conciencia son elementos evidentes en “La Sustancia”. En esta película se nos muestra esa sociedad vacía, carente de conciencia, inautenticidad, prejuicios y banalidad es la no aceptación de su ser.