Nunca ha sido, ni será mi intención defender o apañar la violencia, el fascismo, la dictadura, la intolerancia o la falta de diálogo entre los países del mundo; sin embargo, creo un deber moral explicar un poco el problema desde una raíz un poco más profunda de la que se ha estado discutiendo en las últimas semanas porque como decía mi entrañable y para muchos antipático (cualidad que pocos aprecian) amigo, Manuel Jesús Romero Blanco: “Un poliedro tiene muchas caras, y nosotros estamos acostumbrados a ver una sola de ellas, pero debemos tratar de ver la cara del poliedro que no acostumbramos a ver”
El sionismo es un movimiento judío que se inicia en la Europa del siglo XIX con la intención de restablecer al pueblo judío la entrada y la “recuperación” de la “Tierra Prometida” en lo que ahora es Israel. Ellos consideraban que esa tierra les correspondía por tradición, porque fueron expulsados de ella en el 70. d. C por Tito. Esa expulsión terminó en la famosa “Toma de Masada”, en la cual, los judíos del grupo Zelota se encerraron en la fortaleza de dicho nombre y se pasaron a cuchillo mutuamente antes de caer en manos de los “infieles romanos”, como ellos los denominaban. La información sobre este tema se encuentra de manera muy amplia en las obras: “Antigüedades judías” y “Las guerras de los judíos”; ambas del historiador judío Flavio Josefo, y que son muy recomendables para los amantes de la historia. Aunque muchos historiadores me podrán decir que Flavio Josefo fue un historiador judío al servicio del Imperio Romano y su visión es subjetiva, yo preguntó: ¿Qué autor no es subjetivo?
Después de esa expulsión, vagaron
por Europa, y en el siglo XVI, llegaron a América. Durante esos años, de alguna
manera, pudieron conservar aspectos importantes de su cultura y sus tradiciones,
hasta que en el siglo XIX se funda el movimiento con una intención clara y que
se materializará en 1948: La Fundación del Estado de Israel. Esta fundación tuvo
su base en un conflicto bélico interno en las tierras que hasta ese entonces
pertenecían a Palestina y el movimiento sionista patrocinaba con dinero, armas
y apoyo logístico esta ocupación, es decir, habían dos grupos de judíos: los
que daban el dinero en Europa con Estados Unidos y los que peleaban al interior
del país.
La decisión de la ONU, de entregarle las tierras de Palestina a los judíos, fue un error político, pero debemos tener en cuenta que, a pesar de no ser los judíos los dueños políticos de ese territorio, sí eran los dueños económicos del país, pues el sionismo había proporcionado el dinero para comprar tierras en Palestina, la cual era considerada la “Patria” para ellos. Esto provocó que fueran “arrimando” poco a poco a los árabes que vivían ahí desde la expulsión del 70.d.C. El tener control económico en un país es bastante, sino veamos cómo los chilenos tienen el control económico en el Perú.
La guerra interna arriba mencionada,
y alimentada por los sionistas, concluyó con la preparación militar de los
judíos, que no la tenían antes de esa guerra y la organización de movimientos armados
para contrarrestar lo que ellos llamaban: “La Guerra Santa”. Durante esta
guerra se tramaron numerosos atentados en ambos bandos, pero la pregunta
fundamental que se debe hacer cualquier persona que hace un análisis serio es:
¿Quién invadió a quién? Estos hechos expuestos en los dos últimos párrafos
están narrados en la obra de León Uris “Éxodo” y aunque no es nuestra única
fuente, es entretenida para la lectura, y nuevamente viene el cuestionamiento
que se puede hacer: “León Uris era un judío que defendía el sionismo”. Lo cual
es cierto, pero es necesario entender la visión del problema en la raíz.
Este año 2014, exactamente el
7 de julio se inició un nuevo ataque a Palestina por parte de Israel. Esto se
debe a que el grupo Hamás (grupo Palestino que busca lo mismo que el sionismo,
pero para Palestina), anunciara un ataque con misiles a territorio Israelí. La
respuesta fue un ataque que comenzó en dos puntos: lanzaderas de misiles
palestinos y túneles usados por la milicia en Gaza. En una guerra hay ataques
mutuos, pero el problema en este conflicto radica en su antigüedad y en el
ataque indiscriminado contra inocentes. En los últimos días han bombardeado
mercados, escuelas y hospitales: lugares que están protegidos por la Convención
de Ginebra, y desafortunadamente la ONU, una vez más, no hace una gran
manifestación ¿Tendrá relación con el satélite: Washington-Londres-Tel Aviv?
Pregunta interesante.
El filósofo italiano Gianni Vattimo ha dado unas declaraciones en estos días acerca del problema de Israel y estoy de acuerdo con él en muchos aspectos: “Israel es un estado canalla”; “Israel es un estado nazi y fascista, peor que Hitler”. Con estas afirmaciones, aunque bastante duras, Vattimo hace una crítica real a la falta de memoria del pueblo judío y nos referimos a la memoria histórica, pues con estos atentados han demostrado ser un pueblo que ha perdido la conciencia de haber sido perseguidos y casi exterminados. La falta de respeto por la vida hace que no contemple la diferencia entre soldados, civiles, mujeres o niños, sino que asesina de cualquier manera a través de bombardeos en cualquier momento sin respetar los Derechos Humanos.
Otro aspecto que menciona
Vattimo de manera interesante es: “Es una guerra de exterminio. Son peor que
Hitler, porque tienen el apoyo de las democracias occidentales” Desde luego se
refiere a los dos grandes socios que apoyan a Israel en el mundo: Estados
Unidos e Inglaterra, los cuales, permiten y apoyan ese genocidio por intereses
económicos. No olvidemos que Israel maneja una fuerte economía.
En mi opinión, el pueblo judío
es un pueblo que en verdad ha sufrido durante su larga historia; sin embargo,
como menciona Tzevtan Todorof: “Son grandes los olvidos de la memoria”. Ellos
han olvidado su época de persecución y han pasado a ser perseguidores de otros
pueblos. No podemos meter a todos los judíos en el “mismo costal”, pero sí
debemos entender que la política exterior de este país se está manejando de una
manera equivocada, y este mal manejo de su política exterior, mancha la imagen
de un pueblo que tuvo, durante muchos años, la simpatía de un gran sector de la
comunidad internacional. Nunca mejor citado el dicho del gran Marco Tulio
Cicerón: “Quien no recuerda su historia, está condenado a repetirla”.


