domingo, 12 de mayo de 2013

LA MAYORÍA Y LA MINORÍA DE EDAD: ¿QUÉ CLASE DE ESTADO Y CIUDADANOS SOMOS?

Imanuel Kant nunca salió de su natal Koninsberg (Prusia), sin embargo fue uno de los autores más cosmopolitas que me ha tocado leer, al menos durante su siglo. Este ilustre filósofo fue importante por el sistema en filosofía del conocimiento que propuso, el cual era una combinación entre dos escuelas propias de su tiempo: el racionalismo contiental y el empirismo inglés; sin embargo, esto puede ser materia para otro artículo. Hoy quiero centrarme en la filosofía práctica, la cual, también era novedosa para su tiempo y después que la explique, los lectores se darán cuenta que es muy útil para el nuestro. La genialidad de estos filósofos radica en que, aún en el siglo XXI, parecen estar escribiendo para nosotros.
 
Para Kant la minoría de edad es el estado en que se encuentra un hombre cuando espera que le digan lo que tiene que hacer. Espera que se lo diga el gobernante, las fuerzas armadas y-o- la Iglesia. Este menor de edad no es capaz de pensar por sí mismo, no es libre para autodeterminarse, ni para expresar lo que piensa. Asume las leyes del Estado, porque estas leyes están ahí y le es más cómodo obedecerlas que cuestionarlas. El menor de edad no sabe lo que quiere y obedece las leyes porque si no lo hace puede ir preso o tiene una condena, es decir, su conducta está condicionada a lo que otros digan.

El mayor de edad es todo lo contrario: es una persona que tiene capacidad de autodeterminarse, es decir, obedece las leyes porque es parte de ellas, las siente suyas y no hace nada que vaya contra su conciencia. El mayor de edad hace las cosas porque se ha dado cuenta que es lo mejor; no porque lo dice la moral de la Iglesia o las Fuerzas Armadas. Hace las cosas porque cree que están bien. Cumple el deber por el deber; no busca condicionales a su conducta.

Como vemos la mayoría de edad kantiana no está relacionada con lo cronológico, sino con la capacidad de darse leyes, asumirlas y cumplirlas porque se cree que es lo mejor. Nunca por una condición o temor al castigo.

En el Estado peruano, la mayoría de veces actuamos como ciudadanos menores de edad. Esperamos que nos digan lo que debemos hacer. obedecemos leyes que nos pueden paracer negativas, tenemos legisladores que se preocupan más por su bolsillo que por el orden público, la gente todavía actúa por miedo al infierno o a la condenación.

En estos días se nos muestra la minoría de edad con más fuerza, pues el presidente y la señora Heredia buscan que tratarnos como tales, y no solo ellos, sino la mayoría de gobernantes Latinoamericanos que piensan que ellos solo pueden gobernar y los demás no. La característica de los tutores que ven a los demás como menores de edad es justamente pensar que solo ellos pueden hacer las cosas bien. En el caso de la pareja presidencial, ocurre lo mismo, pues ellos creen que son los únicos que pueden gobernar ¡Qué cosa tan contraria a la filosofía liberal kantiana! Esa filosofía enemiga de los absolutismos.

Aldo Mariategui, periodista con el cual no comulgo por su tendencia de "derecha achorada", dijo hace dos semanas que cuando los grupos de derecha hacen algo para reelegirse en el poder está mal, pero cuando lo hacen otros está mal. EStoy de acuerdo con esa afirmación, pues a muchos les parece bien lo que hacen, pero es malo cuando otros lo hacen. Definitivamente esas comparaciones nos siguen haciendo parecer menores de edad.

CÁRCELES Y DELINCUENCIA

Hace algunas semanas me invitaron a participar en una Mesa Redonda para discutir el tema de las cárceles y la delincuencia en el Perú. Fue una conversación muy productiva que dejó a los que participamos con muchas conclusiones acerca del problema de la delincuencia, las cárceles y el modo en que ambos podrán ayudar para combatir el cáncer que parece ganarnos la batalla. Voy a analizar algunas de las conclusiones a las que llegamos para que el lector haga su propio juicio.

En primer lugar, revisemos el problema: las cárceles en el Perú están llenas de presos por diferentes delitos sin que haya una diferencia entre reos por un delito o por otro. Todos son iguales en la cárcel, aunque la peligrosidad de los crímenes que han cometido sea de diferentes grados. Esto hace que peligre la integridad de los otros presos menores.

Ir a la cárcel según la Constitución es "Pena privativa de la libertad". No es pena privativa de derechos, es decir, se comete un delito y este delito lleva a que la persona pierda su libertad para reparar en algo el daño que ha hecho; sin embargo, en el Perú eso es equivalente a perder la dignidad, pues en nuestro país estar en una cárcel es perder lo único que nos hace humanos:la dignidad.

En tercer lugar las cárceles en el Perú son escuelas del crimen donde el interno no se rehabilita para volver a la sociedad, sino que llega por un delito mayor y dentro del penal se hace de una banda de la que sale como un criminal más peligroso de lo que era al entrar. Por tanto, tampoco estamos hablando de una solución.

La cereza al postre es que los delincuentes más peligrosos manejan el crimen desde la cárcel, pues tiene acceso a objetos como celulares y vida de grandes señores gracias a la corrupción que impera en el IMPE. En la cárcel quie más tiene, es tratado con más cuidados. Incluso se reportaron casos en el penal de San Jorge donde los presos salen a comprar "un pollito" porque la comida de adentro está fea.

Una propuesta de la Mesa Redonda que me gustó fue la idea de privatizar las cárceles. Me explico. Las cárceles son administradas por el Estado peruano y eso ha generado una corrupción, pues los guardias y el personal del IMPE como la mayoría del personal que pertenece al aparato estatal, se encuentran dentro de la corrupción. Privatizar la cárrcel implica que una empresa privada se haría cargo de la cárcel, pero con un contrato estricto y bajo la supervisión del Estado, mas no bajo la administración del Estado. Esa supervisión la tendría que hacer un personal adecuado del aparato estatal y reconozco que probablemente eso sea lo más difícil: conseguir alguien no corrupto.

El empresario que asume la administración de la cárcel tendría que ganar como todo empresario y eso está bien ¿De qué modo podría ganar? El Estado tendría que garantizarle los contratos más importantes en la confección de uniformes para las entidades públicas como las Fuerzas Armadas y los Ministerios, así como la construcción de carreteras. De este modo los reos cumplirían esta funciónes.

Los reos tendrían que pagar el costo de su estadía en la cárcel asignándoles un sueldo justo por su trabajo para pagar la estadía, la reparación civil que el Poder Judicial le imponga y algo para salir luego. Tal vez las ganas de delinquir reduzcan si somos más estrictos en la aplicación del derecho.

Cuando comenté estas conclusiones una persona me dijo: "Es interesante pero tú crees que el Estado lo permita?" La verdad es que es muy difícil porque darle a otro la concesión significa dejar de lado la corrupción que hay en el Estado por las lisitaciones y no creo que los corruptos quieran soltar la mamadera que tanto les gusta.

Otra propuesta iba por la pena de muerte, pero ahí sí tengo muchos reparos porque la "solución" al problema es irreemediable. Si te equivocas aplicando la pena de muerte, no hay marcha atrás. Nunca he pensado en esa posibilidad que parece populista, pero tampoco pienso que el Estado deba mantener al reo. Si cometió un delito que trabaje como todos para vivir hasta que pague su deuda. Como a la larga, hacemos todos.

JAVIER DIEZ CANSECO CISNEROS


Hace algunos días estaba por escribir un artículo acerca de este importante político peruano. He dejado de escribir un tiempo para que la máquina descanse, pero llegó la hora de volver y qué mejor oportunidad que rendir un pequeño homenaje a este importante hombre dentro de la política peruana. El último artículo que publiqué fue acerca de don Armando Villanueva del Campo y ahora, retomo con la muerte de otro de los últimos que van quedando.

Tuve la oportunidad de ver y conversar con Javier Diez Canseco, y de escucharlo, cuatro veces en mi vida y las recuerdo muy bien: la primera fue en casa de mi amigo el doctor José Ortiz, padre de uno de mis mejores amigos y también gran hombre conocedor de política y demás temas. Estaban viendo algo acerca de la candidatura en una de las muchas parrilladas deliciosas que he comido en esa casa y tuve la oportunidad de escuchar a un político bastante humano y cercano a la gente que estaba ahí. en esa época yo era poco más que un adolescente.  La segunda y tercera vez fue ya un poco después en dos actividades de los ciegos y discapacitados. La anécdota es que recuerdo claramente cómo en una de estas dos actividades donde fui acompañando a mi amigo, vi a Javier Diez Canseco empujando una silla de ruedas con una persona, siendo él lo que nosotros llamamos un "cojo".
 
La cuarta vez fue cuando lo invitamos un grupo de estudiantes a dar una conferencia. En esa ocasión conocí al político aguerrido, de opinión, de convicción y de palabra que siempre quise escuchar. Al final de la conferencia habíamos juntado 400 soles en un sobre para dárselos. Cuando me acerqué para entregárselo con dos compañeros me preguntó: ¿Qué es eso? ¿Dinero? a lo que respondí: Sí doctor, es una colaboración por su tiempo, a lo que respondió "No recibo dinero, gracias. Bastante han hecho con escucharme muchachos. Gracias por todo y ha sido un gusto". Ese es el Javier Diez Canseco que recuerdo.
 
El doctor Ortiz me contó que en una ocasión Javier Diez Canseco contó por qué era de izquierda, viniendo de una familia de dinero y la anécdota es la siguiente: "Cuando era niño fui al hospital para el tratamiento y había gente que hacía cola desde las 4:30 de la mañana; en cambio yo iba con mi chofer a las 11 de la mañana, entraba rápido, me atendían y me iba. Un día un niño que estaba en la cola dijo a su mamá: Por qué yo me tengo que levantar temprano y estar en esta cola desde las 4:30 de la mañana y ese blanquito hijo de puta entra y sale rápido" Entre las risas que me causó la anécdota que me contó el doctor Ortiz me puse a reflexionar acerca de algo ¿Cómo es posible que algo, aparentemente tan irrelevante, pueda cambiar nuestras vidas y marcarnos de una manera radical? Hasta el día de hoy esa pregunta gira en mi cabeza y no puedo terminar de responderla. Ojalá algún día se pueda.
 
Con este artículo quiero rendirle homenaje a un político con el que no estaré de acuerdo al 100%; pero al que sí considero coherente por la lucha que llevó, la persecución de la que fue víctima en algún momento, el ametrallamiento de su casa, su defensa por los Derechos Humanos y al final de su vida, la "camita" que le tiende una clase política que cada día provoca el asco de los ciudadanos.
 
El Congreso determinó sancionarlo por algo que no es muy claro, ya que un proyecto de ley no lo  aprueba un solo congresista, pero todo el mundo sabe que el verdadero motivo fue caer de la gracia de la "pareja presidencial" porque al no casarse con nadie y decirle sus verdades, pudo provocar la cólera del comandante y su patrona. En fin. En mi opinión, la familia hizo muy bien en no dejar participar de los actos fúnebres a ese grupo de hipócritas y tránsfugas deshonestos que se juntan al mejor postor como la prostituta más barata de todas y que lo único que quieren es su bienestar y nunca el de las personas que los elegimos para que cuiden nuestra sociedad.
 
Adiós Doctor Diez Canseco, los que lo escuchamos lo vamos a recordar y extrañar en ese Congreso que cada día deja de ser la representación de la ciudadanía para volverse en el circo o la chingana en la que lo han vuelto esa clase política cada día más ignorante. Hasta pronto doctor Diez Canseco.