Conversando
con mis alumnos hace unas semanas acerca del gran filósofo de Konigsberg, llegamos a interesantes conclusiones que me
gustaría compartir con las personas que se tomen la molestia de leer este
artículo.
En la historia de la filosofía, Kant es un personaje muy interesante, pues es considerado un filósofo cosmopolita; sin embargo solo salió de su natal Konigsberg en una ocasión para dar unas lecciones. Nace de una familia sencilla con un padre talabartero (hacía objetos de cuero) y una madre puritana; estudia en la Universidad de Konigsberg; trabaja como bibliotecario en su ciudad y trabaja como preceptor de familias acomodadas. En el año 1770 es invitado a dar una clase modelo en la Universidad de Konigsberg, la cual asombra a todos los catedráticos, pero a él lo lleva a una reflexión que revolucionará el pensamiento de la época y tendrá como consecuencia el sistema filosófico más racional de la época y uno de los más completos en la historia de la filosofía.
Habrá que esperar hasta 1788 para que llegue su segunda crítica (la primera fue la Crítica a la Razón Pura): La Crítica a la Razón Práctica. En esta obra trata de resolver un problema que había dejado pendiente en la anterior crítica: ¿Cómo debe actuar el hombre en la realidad?
En la Crítica a la Razón Práctica Kant plantea la moral como un conocimiento práctico que nos relaciona con los otros. El lenguaje es riguroso, lo cual hace que su lectura sea más interesante y a la vez más gozoso. El conocimiento práctico que plantea es puramente racional y escapa cualquier elemento que no lo sea, es decir una moral donde el indicador de un acto es la misma razón con la máxima: "el deber por el deber"
Immanuel Kant pretende buscar una moral que esté signada por la búsqueda de una ética racional y autónoma, es decir, una moral que no muestre marcas de sentimentalismo o condiciones para el actuar moral del sujeto. En ese caso estamos hablando de una moral autónoma. Por ejemplo, si yo obedezco la ley porque temo ir perder la libertad, entonces no estoy actuando de manera autónoma, pues es una condición la que mueve mi actuar y no la razón. Un cuestionamiento en el diálogo con mis alumnos en este punto radicaba en que planteaban una pregunta, que en mi opinión es muy legítima: ¿Somos capaces de apartar los sentimentos de nuestro actuar moral? ¿Podemos actuar sin la intervención de la subjetividad?

La heteronomía; por el contrario, es definida por Kant como "la incapacidad del hombre por salir de la minoría de edad fruto de la Edad Media". Esto significa que los hombres heterónomos no actúan según su razón, si no según los "tutores" que la sociedad nos ha ido poniendo a través del tiempo: la Iglesia, la escuela, las fuerzas armandas y todas aquellas instituciones que no permiten al hombre ser libre para actuar según su razón. Me parece que es firme y fuerte la crítica a la educación de nuestra época pues ¿No estamos formando seres heterónomos? ¿Permitimos a nuestros jóvenes pensar según su capacidad de decisión?
En cuanto a la ley es importante entender que para Kant una persona puede conducirse de acuerdo a la ley o por respeto a la ley. Yo puedo actuar por respeto a la ley, pero ser inmoral. Habría que distinguir entre una norma moral particular que solo funciona para un grupo determinado y un espacio determinado y una ley moral universal; por eso, si una persona asume que el matar es malo, no puede matar bajo ninguna circunstancia porque si puede justificarlo con algún atenuante, estamos frente a una ley particular y esta no es universal: solo sirve para un grupo de hombres en un momento determinado; en cambio la ley moral universal es para todos los hombres y todos los tiempos y no soporta atenuantes bajo ninguna circunstancia. Al explicar esto las personas suelen asombrarse porque para nosotros las leyes sí presentan atenuantes. Por ejemplo: no es igual matar por dinero, placer o celos; que matar por salvar la vida. En el caso de la filosofía kantiana, si el no matar es una ley moral, no puedo matar en ningún caso; de lo contrario, es una norma moral particular, pero no una ley moral universal. Me imagino la expresión de los lectores: ¡Qué complicado! ¡Parece una máquina!
La ley moral es el imperativo categórico y contra el imperativo hipotético. Acá vale la pena hacer una explicación de ambos términos en la filosofía kantiana.
- El Imperativo
Hipotético es el seguimiento de una ley por la condición y no es moral.
Puedo actuar según este imperativo por respeto a la ley, pero no soy moral
porque tengo una motivación para mi actuar: no robo porque temo ir a la
cárcel; no agredo porque temo que me agredan; no contesto al profesor
porque temo que me repruebe.
- El Imperativo
Categórico es un sistema de leyes morales que consta de tres pasos y cada
uno de ellos nos lleva a la coherencia entre el actuar y el vivir:
- "Obra de tal
manera como si la máxima de tu acción sea ley moral". La máxima es la
propuesta que una persona presenta para que sea ley moral: "no
mentir". Si yo quiero que este no mentir sea ley moral, debo comenzar
por no mentir yo bajo ninguna circunstancia y sin importar las
consecuencias de ese acto moral.
- "Obra de tal
manera como si el otro fuera un fin en sí mismo y nunca un simple
medio". Cuando me relacione con otros seres humanos debo hacerlo
sabiendo que ellos necesitan algo de mí y yo de ellos; luego, mis
relaciones no pueden ser de utilidad, sino de ayuda mutua y solidaridad
con el otro.
- "Obra de tal
manera como si todos fuéramos parte de un reino de fines". Lo
importante es relacionarme con todos los hombres como fin en sí mismo,
pues cuando empiezo a tratarlos o verlos como medios, surgirá una relación
de uso y mercancía (muy propia de nuestra sociedad contemporánea).
Como
vemos, la filosofía kantiana presenta mucha coherencia, que es lo pedido por el
Imperativo Categórico: vive según lo que propones. Es muy complicado, sobre
todo hoy en día, proponer una ética racional, es decir actuar de acuerdo a la
pura razón porque es bueno considerar que el ser humano no es un ser puramente
raciona, sino que está invadido por una serie de sentimientos y condiciones,
así como deseos que hacen nublar nuestra razón; además nos movemos bastante por
la cuestión sentimental; sin embargo, la cuestión racional no debería estar
apartado de nuestras decisiones morales. La pregunta válida sería ¿La
racionalidad nos quita humanidad?