Esta semana, entre el lunes 9 de noviembre y el martes 17 del mismo mes del año 2020, los peruanos hemos vivido una temporada que probablemente, en nuestras peores pesadillas no la hubiéramos imaginado; sin embargo, creo que como toda experiencia en nuestra vida, esta semana debe dejarnos algunas enseñanzas para el futuro desde el presente, como siempre debe ser.
El lunes 9 de noviembre, el Congreso de la República, con 105 votos a favor, decidió vacar al presidente Martín Vizcarra, en un hecho que muchos cuestionan y por el cual muchos constitucionalistas se han mostrado contrarios, pues en verdad había acusaciones graves contra el presidente y 6 colaboradores eficaces; sin embargo quedaron dos cuestiones en el tintero: ¿Era necesario vacar a un presidente sospechoso, mas no declarado culpable? Al vacar al presidente, ¿el Congreso estaba ejecutando la voluntad popular que tanto alegaban? Acerca de estas dos cuestiones existen muchas teorías y se ha pensado mucho, que es lo que se debe hacer antes de emitir opiniones, porque muchos de los problemas se generan por comentarios y decisiones viscerales, antes que pensadas.
En cuanto a la primera cuestión, pienso que no era necesario vacar al presidente Vizcarra porque todos entendimos que no era una cuestión realmente moral; además. el Congreso peruano se ha tornado, con honrosas excepciones, en una banda de delincuentes, iletrados, falsificadores de documentos, estafadores y muchas más atribuciones delincuenciales que se nos ocurriría; por ende, hablar de moralidad en este caso suena incoherente y ese fue la gota que derramó el vaso de agua. La calle rechazó la decisión del Congreso y la consecuente asunción de Manuel Merino de Lama como presidente del Perú, debido a que reflejaba lo que la mayoría de los ciudadanos no queremos y que era consecuencia, a la vez, del trato con sus socios: la liberación del Antauro Humala (trato con UPP Y Vega como representante), la anulación de la SUNEDU (trato con Podemos Perú de José Luna y Alianza para el progreso de César Acuña) para que sus socios puedan seguir usando la educación universitaria con el fin de enriquecerse o de lavar dinero, pero sin ninguna intención de brindar una formación de calidad y estafar a miles de jóvenes. El temor a medidas populistas como permitir el retiro del 100% de los fondos de la AFP y de la ONP, medida que para todos los economistas serios y que los reportes técnicos no recomendaban, estaban ansioso de aceptar. Sería valioso leer el informe de Ángel Páez, Doris Aguirre, María Elena Hidalgo y Pamela Palacios en el diario "La República" del domingo 15 de noviembre. En este informe incluso podemos confirmar un dato que ya es de orden lógico: César Acuña es una persona que es capaz de traicionar a cualquiera, manejando a los esbirros que tiene como congresistas para favorecerse y eso nos lleva a una pregunta que parece retórica: Si es capaz de traicionar a compañeros políticos ¿Cómo podemos confiar los ciudadanos en un traidor de esa calaña para gobernar?
En cuanto a la segunda cuestión, es indudable que no; el Congreso, al vacar al Martín Vizcarra no estaba cumpliendo la voluntad del pueblo, porque no se consideraba que era prudente en medio de una pandemia y un fuerte golpe económico que tuvo causas nacionales e internacionales. Muchos periodistas argumentaban que dejar a Vizcarra era como dejar a un ladrón que te siga robando, pero otros creemos que dejar entrar a Palacio de Gobierno al señor Merino de Lama, era dejar entrar 10 ladrones a tu casa.
Prueba de la negativa de la población, es que muchos ciudadanos, y me incluyo con orgullo, salimos a protestar contra este gobierno que aunque era discutible en su legalidad, no lo era su autenticidad social. Muchos medios de comunicación se pulieron en tratar como imbéciles a los que salimos a protestar y nos acusaban de ser personas influenciadas por los medios de comunicación, tratando a los jóvenes, quienes en su mayoría organizaron estas marchas, eran unos "pulpines", epíteto patético usado por algunas personas para referirse a los jóvenes que no piensan como ellos y acusarlos de estúpidos por eso. ¡No señores! No son unos "pulpines", ni fueron maniatados; marcharon porque era su voluntad y además se dieron cuenta que esto no daba para más. Nadie en las marchas pedía que vuelva Martín Vizcarra; así como nadie pedía que que no se le juzgue, pero lo que se quería es que termine su periodo, pues su salida iba traer inestabilidad y parece que la historia nos demuestra que así fue: tres presidentes en una semana, desaparecidos, dos muertos y vistos ante el mundo como un país peligroso.
He leído algunas preguntas que me parecen válidas: ¿Por qué no se protestó antes? ¿Por qué tanto tiempo para esta protesta? Y es la cuestión que se preguntan quienes, con sus argumentos cuestionaban la marcha. Yo creo que los peruanos, desde hace un buen tiempo, venimos, literalmente "aguantando": hemos aguantado, meses de cuarentena, hemos aguantado la muerte de seres queridos, hemos aguantado una economía que se cae, hemos aguantado tener menores sueldos por el trabajo que cuesta más y seguimos aguantado, pero todo aguante, tiene su final, y el final fue no dejar que la clase política haga su voluntad de espaldas a los deseos de los ciudadanos.
El domingo 12 de noviembre, la protesta llegó a su culmen con dos muertos y una ignorancia declarada acerca del tema por parte del Premier, y un presidente que no daba la cara y que no supo entender la protesta. Por la noche el Congreso, haciendo poca muestra de arrepentimiento y de un temor que existe desde la época de Alberto Fujimori, pues todos los que pensamos diferentes, creemos en los Derechos Humanos, en la libertad, igualdad entre ciudadanos, leemos y no pensamos como la mayoría, somos llamados "rojos" o "caviares" (calificativos que no comparto, pues no me considero nada de eso); le negaron la confianza a la señora Rocío Silva Santiesteban, a pesar que ella declaró que existía el previo acuerdo. La causa: "es de izquierda y amiga de terroristas y nos va cambiar la economía". Yo creo que ese es un fantasma al que se le teme y que incluso el diario "Gestión" de conocida tendencia económica liberal y auspiciado por la CONFIEP, en su editorial del 16 de noviembre del 2020 cuestionó. Nadie se ocupó de ver las credenciales de la señora Silva Santiesteban: académica, letrada, sin ningún juicio o problema legal; aspectos muy superiores a muchos que poseen nuestros actuales congresistas, incluso que la señora Marta Chávez, quien se dedicó a intentar sabotear la elección después de renunciar en la mañana a su partido (ya conocemos la historia de la señora Chávez), pero en fin, no se dio y el "fantasma que recorre Europa" no llegó a Palacio de Gobierno. PD: el señor Acuña demostró nuevamente su vena de traidor al hacer que su partido vote en contra, a pesar que según la señora Silva Santiesteban, ya se había conversado y había aceptado.
El lunes 16 de noviembre, con la calle presionando, el Congreso eligió al señor Francisco Sagasti como presidente del Congreso. No tardaron en salir las acusaciones de que estamos frente a un terrorista y amigo de terroristas. Felizmente el señor Sagasti ha salido para aclarar el tema y manifestar su repudio frente a la subversión. Yo creo que el señor Sagasti entra en una coyuntura diferente a la del señor Merino Lama, porque él entra a resolver un problema que señalamos anteriormente, provocado por el mismo Congreso y que la calle le avisó durante semanas, pero nunca supieron leer las señales. Además estamos hablando de un ciudadana que tiene la preparación académica y política para asumir las riendas de un país complicado en este momento y que necesita un timonel que lleve la nave a buen puerto. Él, en su discurso como presidente del Congreso, manifestó que es consiente de que este es un gobierno de transición y que entiende esa función, la cual no implica cambios, sino asumir problemas concretos: una pandemia que aún no se ha ido y para la cual no hay cura y a pesar del temor, salimos a protestar porque era más el temor a perder nuestra libertad que a la muerte; una economía debilitada y una decepción hacia la clase política por medidas populistas y negativas.
Esperemos que el gobierno que va dirigir el señor Sagasti, sea lo mejor posible y a una hora de juramentar, que está siendo publicado este artículo, lo haga bien. Esperemos que sea una feliz coincidencia, por la celebración de los 20 años que un demócrata ejemplar, el señor Valentín Paniagua asumiera un gobierno transitorio con éxito y pulcritud. No es un cheque en blanco que el pueblo entrega, pues el señor Sagasti sabe que los ciudadanos estamos vigilantes y que tiene la exigencia de un pueblo que necesita volver a creer en su clase política y tener el país que los peruanos, una población luchadora y trabajadora, nos merecemos. Ojalá de la talla, que todos esperamos y sea gradablemente recordado: al menos existe la intención.


