En estos días leí un artículo fechado el 20 de abril del 2014, escrito por Salomón Lerner acerca de la ley universitaria tan urgente en nuestro país. Primero pondré el artículo completo para que se lea e inmediatamente después pasaré a comentarlo para que los lectores entiendan mejor la idea.
"Nuestro sistema de educación superior se encuentra en un estado de postración innegable. Hablamos de una decadencia que comenzó hacia la década de 1960 en el ámbito de las universidades públicas mediante su masificación no planificada, su empobrecimiento, su politización y la consiguiente ruina de su calidad académica. Esto no quiere decir, por otro lado, que en décadas anteriores la educación pública superior se hallara en un estado ideal, pues si bien las universidades eran más solventes, la gran mayoría de jóvenes peruanos estaban excluidos del acceso a ellas.
A la debacle de la universidad pública se sumó en los años recientes la desnaturalización de la noción misma de universidad en el ámbito privado. Las leyes expedidas en los años noventa para favorecer la inversión privada permitiendo el principio de lucro como motivación central de un proyecto universitario han dado lugar a simulacros de universidades carentes de todo compromiso serio con la educación y la formación de seres humanos integrales y desprovistas de los servicios básicos que una universidad debe brindar.
En esas circunstancias, es evidente la importancia de la nueva ley universitaria aprobada por la comisión de educación del Congreso y pendiente de aprobación plenaria. Como toda ley, esta es perfectible, pero tiene el valor de afrontar problemas centrales de nuestro sistema, como, por ejemplo, la inexistencia de un ente coordinador o rector que sea solvente, de calidad técnica y acorde con una concepción acertada del quehacer universitario.
No sorprende, pero sí preocupa la oposición que desde varios frentes –principalmente el gremial, de la Asamblea Nacional de Rectores, y el empresarial– se viene ejerciendo contra esta propuesta. Si la ANR se opone en defensa de fueros que, en verdad, no se ven amenazados por el proyecto, el sector empresarial aboga por un modelo universitario –la universidad-empresa— que se pretende necesario para el desarrollo del país, cuando lo que realmente necesitamos es recuperar el espíritu mismo de la institución universitaria que no tiene como fin supremo el lucro.
Una respuesta espuria a nuestras necesidades de desarrollo, instalada desde hace dos décadas, ha sido que la universidad debe enfocarse más en la empleabilidad inmediata de sus egresados y menos en su formación básica, especialmente la formación humanística. La idea es que los estudiantes desde muy temprano se deben adentrar en el manejo de sus carreras sin perder el tiempo en materias ajenas, (aparentemente), a ellas.
Una persona meramente apta para el uso de las técnicas actuales es la menos pertinente para este entorno cambiante. Más que nunca, el universitario debe ser una persona preparada para el futuro, un profesional no solamente provisto de herramientas sino también y sobre todo capaz de adaptarlas o crearlas. En esta situación la formación básica es la que corresponde mejor a nuestros tiempos. Porque ella permite el constante desarrollo de la creatividad y el manejo provechoso de la incertidumbre.
La especialización temprana, sin el conocimiento de los aspectos básicos de la ciencia es una limitación a la cual condenamos a los jóvenes que no podrán competir en un mundo laboral que requiere mayor capacidad para interpretar el cambio y así actuar en él.
Responder a las grandes necesidades de nuestra sociedad requiere reorientar el sistema universitario hacia una concepción más integral y académicamente exigente de los estudios superiores. Para lograrlo, se precisa cambiar el marco institucional en el que estos operan y crear las reglas y condiciones para que las universidades se sientan llamadas a cumplir con estándares de calidad aceptables: la acreditación obligatoria es, en ese sentido, un elemento valioso de la ley que se proyecta.
No es con cambios accesorios ni manteniendo el statu quo actual como se dejará atrás la decadencia de nuestras universidades. Se necesita dar una señal de cambio ya y romper con una inercia que defrauda diariamente las esperanzas de cientos de miles de jóvenes peruanos". Por Salomón Lerner Febres. La República. 20 de abril del 2014
En este texto, el ex rector de
la Pontificia Universidad Católica del Perú, aborda un tema central en la
educación universitaria; aunque podemos decir que, desafortunadamente, es más
de lo mismo, pues se habla y se discute mucho acerca del tema en diferentes
foros; sin embargo, parece que el Estado no hace gran cosa debido a intereses
económicos por parte de sectores poderosos que buscan ganar dinero, sin estar
interesados en la educación y formación de los ciudadanos que dirigiremos el
país.
Pero revisemos los datos
positivos, que son muchos. Además, es real lo que propone el texto. Por ende,
merece un análisis serio.
El otro problema que se denuncia
es la tecnificación de la educación; esto es: universidades con logotipos como:
“estudia tu carrera desde el primer ciclo”, “no pierdas el tiempo, empieza ya”;
sin embargo, no contemplan un aspecto muy importante: el mundo en el siglo XXI
es demasiado cambiante y una persona con solo conocimiento técnico, no tiene
posibilidades de adaptarse al mundo cambiante que le dan las humanidades.
Las personas que estudian
curso de “generales” tiene mayor posibilidad porque las humanidades les dan de
algún modo, la facilidad de adaptarse a los cambios tecnológicos y sociales que
se van dando cada vez con más frecuencia en nuestro siglo.
Otro aspecto, que podemos
deducir del texto, pues no está de manera directa, consiste en el ajo nivel del
examen de admisión, si es que lo hay, pues muchas dejan entrara de manera libre
a los alumnos, sin que haya un filtro adecuado, racional y necesario para
ingresar. Utilizo el término necesario, porque creo que es necesario hacer un
proceso de admisión para seleccionar alumnos que sí puedan rendir con las
exigencias de este siglo.
Es necesario que esta nueva
ley universitaria sea revisada, comparada con otras leyes y entendida en la
verdadera dimensión del problema: personas que egresan y no encuentran
oportunidades adecuadas de trabajo o encuentran trabajos mediocres. Creo que la
universidad no hace al estudiante, pero sí lo distingue y lo ayuda a afrontar
mejor los problemas de su época para ser un profesional mejor formado en este
siglo.
