domingo, 12 de mayo de 2013

CÁRCELES Y DELINCUENCIA

Hace algunas semanas me invitaron a participar en una Mesa Redonda para discutir el tema de las cárceles y la delincuencia en el Perú. Fue una conversación muy productiva que dejó a los que participamos con muchas conclusiones acerca del problema de la delincuencia, las cárceles y el modo en que ambos podrán ayudar para combatir el cáncer que parece ganarnos la batalla. Voy a analizar algunas de las conclusiones a las que llegamos para que el lector haga su propio juicio.

En primer lugar, revisemos el problema: las cárceles en el Perú están llenas de presos por diferentes delitos sin que haya una diferencia entre reos por un delito o por otro. Todos son iguales en la cárcel, aunque la peligrosidad de los crímenes que han cometido sea de diferentes grados. Esto hace que peligre la integridad de los otros presos menores.

Ir a la cárcel según la Constitución es "Pena privativa de la libertad". No es pena privativa de derechos, es decir, se comete un delito y este delito lleva a que la persona pierda su libertad para reparar en algo el daño que ha hecho; sin embargo, en el Perú eso es equivalente a perder la dignidad, pues en nuestro país estar en una cárcel es perder lo único que nos hace humanos:la dignidad.

En tercer lugar las cárceles en el Perú son escuelas del crimen donde el interno no se rehabilita para volver a la sociedad, sino que llega por un delito mayor y dentro del penal se hace de una banda de la que sale como un criminal más peligroso de lo que era al entrar. Por tanto, tampoco estamos hablando de una solución.

La cereza al postre es que los delincuentes más peligrosos manejan el crimen desde la cárcel, pues tiene acceso a objetos como celulares y vida de grandes señores gracias a la corrupción que impera en el IMPE. En la cárcel quie más tiene, es tratado con más cuidados. Incluso se reportaron casos en el penal de San Jorge donde los presos salen a comprar "un pollito" porque la comida de adentro está fea.

Una propuesta de la Mesa Redonda que me gustó fue la idea de privatizar las cárceles. Me explico. Las cárceles son administradas por el Estado peruano y eso ha generado una corrupción, pues los guardias y el personal del IMPE como la mayoría del personal que pertenece al aparato estatal, se encuentran dentro de la corrupción. Privatizar la cárrcel implica que una empresa privada se haría cargo de la cárcel, pero con un contrato estricto y bajo la supervisión del Estado, mas no bajo la administración del Estado. Esa supervisión la tendría que hacer un personal adecuado del aparato estatal y reconozco que probablemente eso sea lo más difícil: conseguir alguien no corrupto.

El empresario que asume la administración de la cárcel tendría que ganar como todo empresario y eso está bien ¿De qué modo podría ganar? El Estado tendría que garantizarle los contratos más importantes en la confección de uniformes para las entidades públicas como las Fuerzas Armadas y los Ministerios, así como la construcción de carreteras. De este modo los reos cumplirían esta funciónes.

Los reos tendrían que pagar el costo de su estadía en la cárcel asignándoles un sueldo justo por su trabajo para pagar la estadía, la reparación civil que el Poder Judicial le imponga y algo para salir luego. Tal vez las ganas de delinquir reduzcan si somos más estrictos en la aplicación del derecho.

Cuando comenté estas conclusiones una persona me dijo: "Es interesante pero tú crees que el Estado lo permita?" La verdad es que es muy difícil porque darle a otro la concesión significa dejar de lado la corrupción que hay en el Estado por las lisitaciones y no creo que los corruptos quieran soltar la mamadera que tanto les gusta.

Otra propuesta iba por la pena de muerte, pero ahí sí tengo muchos reparos porque la "solución" al problema es irreemediable. Si te equivocas aplicando la pena de muerte, no hay marcha atrás. Nunca he pensado en esa posibilidad que parece populista, pero tampoco pienso que el Estado deba mantener al reo. Si cometió un delito que trabaje como todos para vivir hasta que pague su deuda. Como a la larga, hacemos todos.

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