Desde esta pequeña tribuna, me gustaría intentar reflexionar y entender lo que ocurrió con el señor Donald Trump durante su discurso como el 47° presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, en el que anunció la nueva política de Estado conforme a la deportación de inmigrantes ilegales.
En la reflexión que pretendo plantear en esta ocasión, deseo centrarme en dos fuentes que he podido ver, en el primer caso y, recordar, en el segundo: la nominada a mejor película en el Óscar 2025, Anora y, el texto del año 2006, escrito por el filósofo anglo-ghanés, Kwame Anthony Appiah: “El Cosmopolitismo: La ética en un mundo de extraños”.
Anora es una película estadounidense escrita y
dirigida por Sean Baker. La historia, una fusión de Cenicienta inmigrante
contemporánea con una versión “hardcore” de Mujer Bonita que, le daría diarrea
a los políticamente correctos directores de Disney y Netflix, traslada al
espectador a la ciudad de Nueva York en la que, Anora, una joven y bella
stripper de ascendencia rusa quien trabaja en un club nocturno en La Gran
Manzana, desnudándose y bailando para los hombres por dinero (no pongo el
término prostituta porque no estoy seguro si el término prostituta es el
correcto; no porque me gusten los eufemismo, pues no me gustan). La vida de
esta joven, transcurre entre el trabajo y la casa donde vive cerca a los rieles
de un tren. Ella vive con su hermana y el marido de esta. Anora duerme durante
el día, guarda parte del dinero que gana, fuma y come mal. Estos primeros
momentos, muy bien trabajados por Sean Baker, nos van mostrando la realidad de
muchos inmigrantes que parecen haber renunciado o, en todo caso, decepcionado,
del “american dream”.
La vida de Anora transcurre vacía y sin mayor
sentido hasta que, conoce en el club nocturno donde trabaja, a Ivan “Vanya”
Zakharov, joven adicto a las drogas, irresponsable, parrandero y despilfarrador
del dinero de su padre, un oligarca ruso. Él se convierte en su cliente
particular y ella, comienza a prestarle servicios sexuales en la mansión de él.
La escena cuando entra ella a la residencia de él por primera vez, guarda una
muy buena metáfora: ella queda maravillada con la ventana, que tendrá otra
metáfora luego, y a través de ella, ve maravillada una nueva realidad que se
abre ante sus ojos (excelente trabajo de cámaras). Las visitas de ella a la
mansión se tornan frecuentes hasta que, él, en una clara e inteligente burla
contra Mujer Bonita, le ofrece 15 mil dólares para que ella sea su “novia” por
una semana (ella le dice que pudo aceptar por 10 mil a lo que él responde que
pudo ofrecer 20 mil). En esa semana, viajan a Las Vegas, viven del despilfarro
y las drogas hasta que, deciden casarse.
Ella ve en él la oportunidad de salir de esa
vida tediosa y dura (quien diga que la vida de las prostitutas es fácil, creo
que no sabe de lo que habla). Este elemento es el que saca el romanticismo de
la película y, en ese momento, se torna en una buena propuesta: el drama de los
inmigrantes que buscan cualquier oportunidad para salir de la situación en la
que viven, pues cuando la oligarca familia rusa se entera que su hijo se ha
casado con una prostituta, usarán todos los medio, legales e ilegales, para
anular un matrimonio que no se debió realizar y, en ese contexto, van utilizar
el dinero y pagar a la “limpia y correcta justicia estadounidense” para que les
sirva.
Ante la debilidad de carácter que muestra Ivan
frente a su familia, Anora llora y trata de convencerlo para que no se deje
llevar y mantenga el matrimonio, pero no ruega porque lo ama, le ruega porque
entiende que se va la oportunidad de una vida diferente; sin embargo, no puede
evitarlo, por lo que, se da otra metáfora: ella debe abandonar la mansión y, a
diferencia de la primera ocasión, la imagen es triste por la nieve, lo que
refleja la tristeza de que no volverá a la vida que quería y sí lo hará a la
que no quería.
En Anora podemos ver, como señalamos líneas
antes, que el sueño americano no es lo que realmente venden las películas de Hollywood;
ese es el trabajo que viene realizando en diferentes películas, Sean Baker:
desmitificar el mito, mostrando lo que realmente vive un inmigrante en los
Estados Unidos de Norteamérica y lo difícil que puede ser construir un sueño en
una sociedad que es mucho más complicada de lo que suelen mostrarla.
Dentro del contexto de inmigración y, de tener
que salir por algún motivo del lugar del cual uno es parte, hace algunos años,
la filosofía se ha planteado este problema bajo el nombre de cosmopolitismo, el
cual ha intentado e intenta responder a una pregunta más que compleja: ¿Cómo
podemos hacer para convivir en un mundo en el que evidentemente somos
diferentes? Uno de los pensadores contemporáneos que más ha trabajado este tema
es Anthony Appiah, justamente desde su condición de inmigrante.
El filósofo anglo-ghanés, define el
cosmopolitismo como una forma de pensar y vivir, que combina la lealtad a la
propia cultura y comunidad, con la apertura y el respeto hacia otras culturas y
formas de vida, es decir, doy al otro, el respeto cultural que pido para mí.
Esto nos lleva a la apertura de un etnocentrismo débil, lo cual se hace
complicado en una sociedad donde la inmigración es fuerte, porque generalmente,
el inmigrante debe adaptarse a la sociedad que lo recibe: sin embargo, eso no
es necesariamente malo, pues existen leyes que son universales; el problema se
da con las cuestiones culturales y, más complejo se torna el problema cuando
estas cuestiones culturales están legisladas.
Todos estos elementos nos hacen ver que la
inmigración es un fenómeno más complejo de lo que se pretende ver, pues no solo
contempla aspectos legales, sino que contempla aspectos culturales que deben
ser debatidos desde una perspectiva dialógica amplia. El problema radica en ver
al inmigrante desde las perspectivas locales en desmedro de la condición del
otro; además es importante resaltar que no es un papel de nacionalidad lo que
hace a una persona parte de un lugar, pues hemos visto que muchas personas
pueden tener documentos de nacionalidad en un país sin haber creado una
identidad con él porque su cultura resulta ser más fuerte que la legalidad de
un documento.
En la obra mencionada, Anthony Appiah propone una serie de principios que podrían ayudar en este entendimiento y apertura cultural: Primero, universalismo, esto es, todos los humanos compartimos una humanidad común y por eso, debemos tratarnos con dignidad, independientemente de nuestra cultura. Segundo, aprender de las diversidades culturales y formas de vida, pues estas pueden enriquecernos. Tercero, debemos ser críticos con nuestra propia cultura y, estar dispuestos a cambiar y mejorar aquellos que sea cambiable y mejorable. Por último, la educación y el diálogo son fundamentales para promover el cosmopolitismo, de tal modo que podamos superar los prejuicios y estereotipos.
Una de las críticas a la propuesta de Appiah
es, justamente el problema que ocurre hace años en el proceso inmigración: no
pone suficiente atención a las estructuras de poder y dominación, quienes
pueden poner trabas al proceso cosmopolitista. Efectivamente, ese es el
problema con el que se lucha políticamente hace años: propuestas inteligentes
desde la reflexión, pero poca disponibilidad de una clase política a la que no
le interesa avanzar en estos temas.
Es un tema muy interesante de reflexión y una
muestra clara de cómo el cine, junto con la filosofía pueden tratar de un tema
común, enriquecedor, útil y actual. Estemos atentos a cómo se va dando el
proceso del trato a los inmigrantes en esta nueva administración en el país del
norte.





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