sábado, 25 de mayo de 2013

LA DINASTÍA HUMALA Y LA CONSTITUCIÓN DE 1979


En las elecciones presidenciales del 2011 voté por lo que yo consideraba el mal menor. Es más, me hubiera dado asco votar por Keiko Fujimori y nunca me lo hubiera perdonado políticamente, por ende, voté por Ollanta Humala confiando que podría ser una oportunidad de cambio, aunque debo confesar, con miedo.´
 
En estos últimos días parece que mi miedo, que no solo era mio, sino de muchos compatriotas que le dimos nuestro voto, se está haciendo realidad. Hasta los primeros seis meses, el gobierno de Humala parecía estar haciendo las cosas bien, e incluso, daba la imagen de ser una administración bastante democrática, dando un primer informe frente a 4 periodistas de diferentes medios. Sin embargo, ahora, a casi dos años de gobierno, las cosas han cambiado. Voy a referirme a algunos detalles que en mi opinión, huelen mal en la administración Humala.
 
En primer lugar, la figura de la Primera dama es algo poco agradable para los peruanos, pues muchos tenemos la impresión que ella es la que da las órdenes en Palacio y no se cansa de ridiculizar al esposo y demostrar que ella es la que sabe. Creo que votamos por Ollanta Humala y no por Nadine Heredia, entonces: ¿Por qué ella debe salir a la palestra?
 
En segundo lugar, muy relacionado con el primero; no están claras las intenciones reeleccionistas, o mejor dicho, sí están claras, pero no dicen nada. Un detalle que me gustó en la juramentación de Ollanta Humala fue hacerlo por la Constitución de 1979. Es cierto que no es la constitución vigente, sino la de 1993, pero la mayoría de los peruanos sabemos que la historia y el contexto de la Constitución de 1993 es de una dictadura y esta Constitución fue aprobada por un Congreso y redactada por una Constituyente que estaba al 90% conformada por lacayos del fujimorismo para darle más poder al presidente de lo que en verdad le corresponde y permitir las imnumerables re elecciones, como intentó hacerlo el dictador.
 
La Constitución de 1979 es hija de una época en la que el país intentaba volver a una democracia y esa Asamblea Constituyente estaba integrada por ciudadanos probos y bien elegidos. Cuando la he leído me he sentido identificado con ella y con lo que se dice. Desde el preámbulo en el  cual, podemos sentirnos identificados con lo que es en verdad el ciudadano junto al deseo de tratar de ser una mejor sociedad a través de la lucha por la igualdad entre los hombres. Es muy emocionante leer ese preámbulo y tiene todo el gusto a la democracia naciente.
 
Esta Constitución de 1979, con los errores propios de su tiempo, que pudo ser modficada, mas no retirada de vigencia, fue de la que habló Ollanta Humala durante su campaña presidencial y fue por la que juraron a pesar de no ser la vigente, como lo sabemos todos los peruanos. Esa Constitución dice muy claramente en el capítulo V, artículo 204, cuáles son los impedimentos para que un ciudadano postule a la Presidencia de la República. El segundo impedimento se refiere al cónyuge de quien ocupa la presidencia, por tanto la señora Nadine Heredia estaría impedida, pero sabemos que la Constitución de 1979 no está vigente y la Constitución de 1993 sí le permite ser candidata y presidenta. Claro eso a quién le puede importar si solo es un juramento que no tiene valor ante la ley, pero deberíamos pensar que si no tenemos palabra y no tenemos leyes ¿Qué somos? Me parece que si no tenemos palabra, honor y leyes, solo somos animales. Obviamente qué le puede importar eso al Presidente y  a  Nadine Heredia.
 
Entercer lugar, la campaña de destrucción que hace la pareja presidencial a los ex presidentes Toledo y García con la intención de limpiarse la competencia parece muy sucia. Nunca he sentido simpatía por Alan García, aunque Alejandro Toledo sí me está decepcionando. Es obvio que quieren limpiarse la competencia y quedar solos, o en todo caso con sus futuros aliados los fujimoristas, pues entre ellos hay una relación amor-odio por el tema del indulto al dictador.
 
Habría que agregar la poca tolerancia de la pareja presidencial para con las personas que están dentro de su partido y que en algún momento pensaron diferente a ellos, pero que con la ayuda de ellos llegaron al poder. Me refiero al acto de ingratitud de ellos hacia Javier Diez Canseco cuando le bajan el dedo por empezar a preguntarse ¿Cuándo hará lo que prometieron? Definitivamente actuaron como un par de mal agradecidos y no me extrañaría que fuera su verdadera naturaleza.
 
En cuarto lugar tenemos el aspecto económico: la casi compra de Petroperú hubiera sido una de las más grandes brutalidades de este gobierno, pero por suerte no se concretó, sino, imaginar las pérdidas era terrible.Además las promesas que hasta ahora no se pueden cumplir como los sueldos bajos, la poca seguridad que tienen los trabajadores y la aún falta de estabilidad laboral son solo algunos de los problemas que todavía quedan por resolver. Quién sabe, a lo mejor en el periodo de la señora Heredia se resulevan, ya que estamos a un paso de una dinastía al puro estilo de los Kirchner en Argentina.
 
Creo que si otra administración presidencial pensara en lo mismo, sería duramente criticada por los Humala, pero como lo quieren hacer ellos, entonces están dentro de la ley. Total, la Constitución de 1979 no está vigente y ¿Quién se acuerda de las promesas? Me daría pena y asco tener que llegar al 2016 y verme en la necesidad de elegir entre Keiko Fujimori y Nadine Heredia. Sería la primera vez en que tenga que elegir entre votar en blanco, cosa que repruebo, o no ir a votar, cosa que no me agrada.

domingo, 19 de mayo de 2013

LA CULTURA DEL SILENCIO


Una de las cosas que más recuerdo de los años que fui estudiante son los momentos de silencio, los cuales, no sabíamos aprovecharlo en su momento. Felizmente he tenido muchas oportunidades en mi vida de gozar espacios de silencio en los cuales he podido aprender mucho y darme cuenta que es algo que cada vez apreciamos menos en nuestra sociedad.

En la temporada 2002-2003, uno de los años más felices de mi vida, tuve la oportunidad de vivir en la ciudad del Cusco y uno de los eventos a los que asistí fue un retiro en las inmediaciones de la Laguna de Huacarpay, siendo el silencio en aquel lugar una de las experiencias más hermosas que me ha tocado vivir. Además habría que agregar que mi piel pudo sentir esa deliciosa agua, pues no pude resistir a la tentación y con dos amigos: Sixto Galindo (mi gran y entrañable amigo) y Sergio Quispe entramos en las aguas a nadar un rato. Hermosa experiencia de vida. Ese era el silencio que extraño en esta escandalosa ciudad, y que mucha gente no extraña, porque no lo ha gozado nunca. Qué silenciosos seríamos si lo conociéramos.
  
Hace dos años decidí hacer los ejercicios ignacianos y fue una experiencia impresionante también, pues en el silencio no solo se va a orar, sino a descanzar, a leer y a hacer muchas cosas que no se pueden hacer en la ciudad. Basta salir a las calles de Lima y escuchar la bulla de los automóviles, el tráfico terrorífico y la poca costumbre que tenemos las personas de la ciudad de apreciar el silencio. Es más, cuando hay un silencio muy prolongado entre dos personas o más, se crea un ambiente de incomodidad entre las personas y nos preguntamos: "¿Qué pasa? ¿Por qué tan callados?" Definitivamente no estamos acostumbrados al silencio.
Para la filosofía, la cual amo y de la cual vivo, no solo económicamente, sino intelectual y existencialmente, es muy importante el silencio para comenzar a reflexionar acerca de lo que ocurre a nuestro alrededor. El profesor Erasmo Bautista nos dijo una vez: "La filosofía nace en los bares y en la calle, por medio del diálogo acerca de los temas más cotidianos". Con los años he aprendido que algo de cierto hay en esa afirmación; sin embargo, debo reconocer que el silencio suele ser un buen amigo en los momentos de reflexión.

En nuestro país, como en la mayor parte del mundo, la gente vive de prisa, en medio del caos vehicular, la apatía y el escándalo como mencioné líneas arriba. Incluso los jóvenes en edad de formación no aceptan el silencio, les parece extraño no escucharse y cuando no hablan creen que es un castigo, es decir, si una persona no quiere hablar, es visto como un loco o un ente extraño. Como me ha pasado alguna vez.
 
Habría que agregar el motivo por el cual una persona habla con otra y no es escuchado, esto es, el otro no le interesa lo que le están dicienco. Es muy simple: no nos interesa lo dicho por el otro. La culatura del escándalo tiene ese problema, hablan para escucharse a sí mismos, pero no interesa lo que pueda afirmar el otro.

Cada día que pasa en esta ciudad veo más urgente la necesidad de una cultura del silencio para poder escuchar a los demás, saber qué opinan. Es extraño, pero cuando empezemos a apreciar el silencio, podremos darnos cuenta en verdad de lo que ocurre a nuestro alrededor, y eso nos dará una mejor idea de lo que ocurre en nuestro país. Además qué vamos a perder ¿El escucharnos a nosotros mismos?

domingo, 12 de mayo de 2013

LA MAYORÍA Y LA MINORÍA DE EDAD: ¿QUÉ CLASE DE ESTADO Y CIUDADANOS SOMOS?

Imanuel Kant nunca salió de su natal Koninsberg (Prusia), sin embargo fue uno de los autores más cosmopolitas que me ha tocado leer, al menos durante su siglo. Este ilustre filósofo fue importante por el sistema en filosofía del conocimiento que propuso, el cual era una combinación entre dos escuelas propias de su tiempo: el racionalismo contiental y el empirismo inglés; sin embargo, esto puede ser materia para otro artículo. Hoy quiero centrarme en la filosofía práctica, la cual, también era novedosa para su tiempo y después que la explique, los lectores se darán cuenta que es muy útil para el nuestro. La genialidad de estos filósofos radica en que, aún en el siglo XXI, parecen estar escribiendo para nosotros.
 
Para Kant la minoría de edad es el estado en que se encuentra un hombre cuando espera que le digan lo que tiene que hacer. Espera que se lo diga el gobernante, las fuerzas armadas y-o- la Iglesia. Este menor de edad no es capaz de pensar por sí mismo, no es libre para autodeterminarse, ni para expresar lo que piensa. Asume las leyes del Estado, porque estas leyes están ahí y le es más cómodo obedecerlas que cuestionarlas. El menor de edad no sabe lo que quiere y obedece las leyes porque si no lo hace puede ir preso o tiene una condena, es decir, su conducta está condicionada a lo que otros digan.

El mayor de edad es todo lo contrario: es una persona que tiene capacidad de autodeterminarse, es decir, obedece las leyes porque es parte de ellas, las siente suyas y no hace nada que vaya contra su conciencia. El mayor de edad hace las cosas porque se ha dado cuenta que es lo mejor; no porque lo dice la moral de la Iglesia o las Fuerzas Armadas. Hace las cosas porque cree que están bien. Cumple el deber por el deber; no busca condicionales a su conducta.

Como vemos la mayoría de edad kantiana no está relacionada con lo cronológico, sino con la capacidad de darse leyes, asumirlas y cumplirlas porque se cree que es lo mejor. Nunca por una condición o temor al castigo.

En el Estado peruano, la mayoría de veces actuamos como ciudadanos menores de edad. Esperamos que nos digan lo que debemos hacer. obedecemos leyes que nos pueden paracer negativas, tenemos legisladores que se preocupan más por su bolsillo que por el orden público, la gente todavía actúa por miedo al infierno o a la condenación.

En estos días se nos muestra la minoría de edad con más fuerza, pues el presidente y la señora Heredia buscan que tratarnos como tales, y no solo ellos, sino la mayoría de gobernantes Latinoamericanos que piensan que ellos solo pueden gobernar y los demás no. La característica de los tutores que ven a los demás como menores de edad es justamente pensar que solo ellos pueden hacer las cosas bien. En el caso de la pareja presidencial, ocurre lo mismo, pues ellos creen que son los únicos que pueden gobernar ¡Qué cosa tan contraria a la filosofía liberal kantiana! Esa filosofía enemiga de los absolutismos.

Aldo Mariategui, periodista con el cual no comulgo por su tendencia de "derecha achorada", dijo hace dos semanas que cuando los grupos de derecha hacen algo para reelegirse en el poder está mal, pero cuando lo hacen otros está mal. EStoy de acuerdo con esa afirmación, pues a muchos les parece bien lo que hacen, pero es malo cuando otros lo hacen. Definitivamente esas comparaciones nos siguen haciendo parecer menores de edad.

CÁRCELES Y DELINCUENCIA

Hace algunas semanas me invitaron a participar en una Mesa Redonda para discutir el tema de las cárceles y la delincuencia en el Perú. Fue una conversación muy productiva que dejó a los que participamos con muchas conclusiones acerca del problema de la delincuencia, las cárceles y el modo en que ambos podrán ayudar para combatir el cáncer que parece ganarnos la batalla. Voy a analizar algunas de las conclusiones a las que llegamos para que el lector haga su propio juicio.

En primer lugar, revisemos el problema: las cárceles en el Perú están llenas de presos por diferentes delitos sin que haya una diferencia entre reos por un delito o por otro. Todos son iguales en la cárcel, aunque la peligrosidad de los crímenes que han cometido sea de diferentes grados. Esto hace que peligre la integridad de los otros presos menores.

Ir a la cárcel según la Constitución es "Pena privativa de la libertad". No es pena privativa de derechos, es decir, se comete un delito y este delito lleva a que la persona pierda su libertad para reparar en algo el daño que ha hecho; sin embargo, en el Perú eso es equivalente a perder la dignidad, pues en nuestro país estar en una cárcel es perder lo único que nos hace humanos:la dignidad.

En tercer lugar las cárceles en el Perú son escuelas del crimen donde el interno no se rehabilita para volver a la sociedad, sino que llega por un delito mayor y dentro del penal se hace de una banda de la que sale como un criminal más peligroso de lo que era al entrar. Por tanto, tampoco estamos hablando de una solución.

La cereza al postre es que los delincuentes más peligrosos manejan el crimen desde la cárcel, pues tiene acceso a objetos como celulares y vida de grandes señores gracias a la corrupción que impera en el IMPE. En la cárcel quie más tiene, es tratado con más cuidados. Incluso se reportaron casos en el penal de San Jorge donde los presos salen a comprar "un pollito" porque la comida de adentro está fea.

Una propuesta de la Mesa Redonda que me gustó fue la idea de privatizar las cárceles. Me explico. Las cárceles son administradas por el Estado peruano y eso ha generado una corrupción, pues los guardias y el personal del IMPE como la mayoría del personal que pertenece al aparato estatal, se encuentran dentro de la corrupción. Privatizar la cárrcel implica que una empresa privada se haría cargo de la cárcel, pero con un contrato estricto y bajo la supervisión del Estado, mas no bajo la administración del Estado. Esa supervisión la tendría que hacer un personal adecuado del aparato estatal y reconozco que probablemente eso sea lo más difícil: conseguir alguien no corrupto.

El empresario que asume la administración de la cárcel tendría que ganar como todo empresario y eso está bien ¿De qué modo podría ganar? El Estado tendría que garantizarle los contratos más importantes en la confección de uniformes para las entidades públicas como las Fuerzas Armadas y los Ministerios, así como la construcción de carreteras. De este modo los reos cumplirían esta funciónes.

Los reos tendrían que pagar el costo de su estadía en la cárcel asignándoles un sueldo justo por su trabajo para pagar la estadía, la reparación civil que el Poder Judicial le imponga y algo para salir luego. Tal vez las ganas de delinquir reduzcan si somos más estrictos en la aplicación del derecho.

Cuando comenté estas conclusiones una persona me dijo: "Es interesante pero tú crees que el Estado lo permita?" La verdad es que es muy difícil porque darle a otro la concesión significa dejar de lado la corrupción que hay en el Estado por las lisitaciones y no creo que los corruptos quieran soltar la mamadera que tanto les gusta.

Otra propuesta iba por la pena de muerte, pero ahí sí tengo muchos reparos porque la "solución" al problema es irreemediable. Si te equivocas aplicando la pena de muerte, no hay marcha atrás. Nunca he pensado en esa posibilidad que parece populista, pero tampoco pienso que el Estado deba mantener al reo. Si cometió un delito que trabaje como todos para vivir hasta que pague su deuda. Como a la larga, hacemos todos.

JAVIER DIEZ CANSECO CISNEROS


Hace algunos días estaba por escribir un artículo acerca de este importante político peruano. He dejado de escribir un tiempo para que la máquina descanse, pero llegó la hora de volver y qué mejor oportunidad que rendir un pequeño homenaje a este importante hombre dentro de la política peruana. El último artículo que publiqué fue acerca de don Armando Villanueva del Campo y ahora, retomo con la muerte de otro de los últimos que van quedando.

Tuve la oportunidad de ver y conversar con Javier Diez Canseco, y de escucharlo, cuatro veces en mi vida y las recuerdo muy bien: la primera fue en casa de mi amigo el doctor José Ortiz, padre de uno de mis mejores amigos y también gran hombre conocedor de política y demás temas. Estaban viendo algo acerca de la candidatura en una de las muchas parrilladas deliciosas que he comido en esa casa y tuve la oportunidad de escuchar a un político bastante humano y cercano a la gente que estaba ahí. en esa época yo era poco más que un adolescente.  La segunda y tercera vez fue ya un poco después en dos actividades de los ciegos y discapacitados. La anécdota es que recuerdo claramente cómo en una de estas dos actividades donde fui acompañando a mi amigo, vi a Javier Diez Canseco empujando una silla de ruedas con una persona, siendo él lo que nosotros llamamos un "cojo".
 
La cuarta vez fue cuando lo invitamos un grupo de estudiantes a dar una conferencia. En esa ocasión conocí al político aguerrido, de opinión, de convicción y de palabra que siempre quise escuchar. Al final de la conferencia habíamos juntado 400 soles en un sobre para dárselos. Cuando me acerqué para entregárselo con dos compañeros me preguntó: ¿Qué es eso? ¿Dinero? a lo que respondí: Sí doctor, es una colaboración por su tiempo, a lo que respondió "No recibo dinero, gracias. Bastante han hecho con escucharme muchachos. Gracias por todo y ha sido un gusto". Ese es el Javier Diez Canseco que recuerdo.
 
El doctor Ortiz me contó que en una ocasión Javier Diez Canseco contó por qué era de izquierda, viniendo de una familia de dinero y la anécdota es la siguiente: "Cuando era niño fui al hospital para el tratamiento y había gente que hacía cola desde las 4:30 de la mañana; en cambio yo iba con mi chofer a las 11 de la mañana, entraba rápido, me atendían y me iba. Un día un niño que estaba en la cola dijo a su mamá: Por qué yo me tengo que levantar temprano y estar en esta cola desde las 4:30 de la mañana y ese blanquito hijo de puta entra y sale rápido" Entre las risas que me causó la anécdota que me contó el doctor Ortiz me puse a reflexionar acerca de algo ¿Cómo es posible que algo, aparentemente tan irrelevante, pueda cambiar nuestras vidas y marcarnos de una manera radical? Hasta el día de hoy esa pregunta gira en mi cabeza y no puedo terminar de responderla. Ojalá algún día se pueda.
 
Con este artículo quiero rendirle homenaje a un político con el que no estaré de acuerdo al 100%; pero al que sí considero coherente por la lucha que llevó, la persecución de la que fue víctima en algún momento, el ametrallamiento de su casa, su defensa por los Derechos Humanos y al final de su vida, la "camita" que le tiende una clase política que cada día provoca el asco de los ciudadanos.
 
El Congreso determinó sancionarlo por algo que no es muy claro, ya que un proyecto de ley no lo  aprueba un solo congresista, pero todo el mundo sabe que el verdadero motivo fue caer de la gracia de la "pareja presidencial" porque al no casarse con nadie y decirle sus verdades, pudo provocar la cólera del comandante y su patrona. En fin. En mi opinión, la familia hizo muy bien en no dejar participar de los actos fúnebres a ese grupo de hipócritas y tránsfugas deshonestos que se juntan al mejor postor como la prostituta más barata de todas y que lo único que quieren es su bienestar y nunca el de las personas que los elegimos para que cuiden nuestra sociedad.
 
Adiós Doctor Diez Canseco, los que lo escuchamos lo vamos a recordar y extrañar en ese Congreso que cada día deja de ser la representación de la ciudadanía para volverse en el circo o la chingana en la que lo han vuelto esa clase política cada día más ignorante. Hasta pronto doctor Diez Canseco.