Una de las cosas que más recuerdo de los años que fui estudiante son los momentos de silencio, los cuales, no sabíamos aprovecharlo en su momento. Felizmente he tenido muchas oportunidades en mi vida de gozar espacios de silencio en los cuales he podido aprender mucho y darme cuenta que es algo que cada vez apreciamos menos en nuestra sociedad.
En la temporada 2002-2003, uno de los años más felices de mi vida, tuve la oportunidad de vivir en la ciudad del Cusco y uno de los eventos a los que asistí fue un retiro en las inmediaciones de la Laguna de Huacarpay, siendo el silencio en aquel lugar una de las experiencias más hermosas que me ha tocado vivir. Además habría que agregar que mi piel pudo sentir esa deliciosa agua, pues no pude resistir a la tentación y con dos amigos: Sixto Galindo (mi gran y entrañable amigo) y Sergio Quispe entramos en las aguas a nadar un rato. Hermosa experiencia de vida. Ese era el silencio que extraño en esta escandalosa ciudad, y que mucha gente no extraña, porque no lo ha gozado nunca. Qué silenciosos seríamos si lo conociéramos.
En la temporada 2002-2003, uno de los años más felices de mi vida, tuve la oportunidad de vivir en la ciudad del Cusco y uno de los eventos a los que asistí fue un retiro en las inmediaciones de la Laguna de Huacarpay, siendo el silencio en aquel lugar una de las experiencias más hermosas que me ha tocado vivir. Además habría que agregar que mi piel pudo sentir esa deliciosa agua, pues no pude resistir a la tentación y con dos amigos: Sixto Galindo (mi gran y entrañable amigo) y Sergio Quispe entramos en las aguas a nadar un rato. Hermosa experiencia de vida. Ese era el silencio que extraño en esta escandalosa ciudad, y que mucha gente no extraña, porque no lo ha gozado nunca. Qué silenciosos seríamos si lo conociéramos.
Hace dos años decidí hacer los ejercicios ignacianos y fue una experiencia impresionante también, pues en el silencio no solo se va a orar, sino a descanzar, a leer y a hacer muchas cosas que no se pueden hacer en la ciudad. Basta salir a las calles de Lima y escuchar la bulla de los automóviles, el tráfico terrorífico y la poca costumbre que tenemos las personas de la ciudad de apreciar el silencio. Es más, cuando hay un silencio muy prolongado entre dos personas o más, se crea un ambiente de incomodidad entre las personas y nos preguntamos: "¿Qué pasa? ¿Por qué tan callados?" Definitivamente no estamos acostumbrados al silencio.
Para la filosofía, la cual amo y de la cual vivo, no solo económicamente, sino intelectual y existencialmente, es muy importante el silencio para comenzar a reflexionar acerca de lo que ocurre a nuestro alrededor. El profesor Erasmo Bautista nos dijo una vez: "La filosofía nace en los bares y en la calle, por medio del diálogo acerca de los temas más cotidianos". Con los años he aprendido que algo de cierto hay en esa afirmación; sin embargo, debo reconocer que el silencio suele ser un buen amigo en los momentos de reflexión.
En nuestro país, como en la mayor parte del mundo, la gente vive de prisa, en medio del caos vehicular, la apatía y el escándalo como mencioné líneas arriba. Incluso los jóvenes en edad de formación no aceptan el silencio, les parece extraño no escucharse y cuando no hablan creen que es un castigo, es decir, si una persona no quiere hablar, es visto como un loco o un ente extraño. Como me ha pasado alguna vez.
Habría que agregar el motivo por el cual una persona habla con otra y no es escuchado, esto es, el otro no le interesa lo que le están dicienco. Es muy simple: no nos interesa lo dicho por el otro. La culatura del escándalo tiene ese problema, hablan para escucharse a sí mismos, pero no interesa lo que pueda afirmar el otro.
Cada día que pasa en esta ciudad veo más urgente la necesidad de una cultura del silencio para poder escuchar a los demás, saber qué opinan. Es extraño, pero cuando empezemos a apreciar el silencio, podremos darnos cuenta en verdad de lo que ocurre a nuestro alrededor, y eso nos dará una mejor idea de lo que ocurre en nuestro país. Además qué vamos a perder ¿El escucharnos a nosotros mismos?

En nuestro país, como en la mayor parte del mundo, la gente vive de prisa, en medio del caos vehicular, la apatía y el escándalo como mencioné líneas arriba. Incluso los jóvenes en edad de formación no aceptan el silencio, les parece extraño no escucharse y cuando no hablan creen que es un castigo, es decir, si una persona no quiere hablar, es visto como un loco o un ente extraño. Como me ha pasado alguna vez.
Habría que agregar el motivo por el cual una persona habla con otra y no es escuchado, esto es, el otro no le interesa lo que le están dicienco. Es muy simple: no nos interesa lo dicho por el otro. La culatura del escándalo tiene ese problema, hablan para escucharse a sí mismos, pero no interesa lo que pueda afirmar el otro.
Cada día que pasa en esta ciudad veo más urgente la necesidad de una cultura del silencio para poder escuchar a los demás, saber qué opinan. Es extraño, pero cuando empezemos a apreciar el silencio, podremos darnos cuenta en verdad de lo que ocurre a nuestro alrededor, y eso nos dará una mejor idea de lo que ocurre en nuestro país. Además qué vamos a perder ¿El escucharnos a nosotros mismos?


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