miércoles, 26 de febrero de 2025

EL BRUTALISTA: REFLEXIONES EN TORNO AL CAPITALISMO Y EL ARTE

Walter Benjamin (1892-1940), siguiendo la tradición marxista del arte, sostiene en
La obra de arte en la era de la reproductibilidad técnica (1936), que la reproductibilidad del arte, a través del cine y la fotografía han cambiado la forma en que entendemos y percibimos el arte, es decir, ha permitido un proceso de masificación de la obra. Por otro lado, en el capitalismo, la obra de arte se reduce al valor de cambio, es decir, su precio en el mercado.
 
Desde esta base, me gustaría empezar una reflexión que se da desde una película nominada al Oscar y que, en mi opinión, es de lo mejor que se presenta entre el 2024 y el 2025: El Brutalista, así como observar la interesante manera en que diferentes expresiones artísticas pueden relacionarse, como el cine, la arquitectura (de lo que trata la película), con la pintura y la reflexión filosófica.
 
El brutalismo se define como un estilo arquitectónico surgido en el Reino Unido durante la década de 1950 durante la posguerra. Usa materiales como hormigón y concreto. Se podría decir que estéticamente no es bello, pero sí funcional. Se podría decir que muchas construcciones actuales han heredado ese estilo.
 
La película El Brutalista, dirigida de manera estupendamente por Brady Corbet, escrita por el mismo Corbet y Mona Fastvolt y musicalizada brillantemente por Daniel Blumberg, narra la vida del personaje ficticio Lazlo Toth, interpretado por Adrien Brody. El personaje es un arquitecto húngaro judío quien sobrevive al Holocausto; viaja a Estados Unidos cuando este país está entrando a la Modernidad, él ha tenido que dejar a su esposa e hijos viviendo en una situación de pobreza y miseria intolerable.
 
La película nos va trasladando por la vida del migrante posguerra en Estados Unidos: trabaja para su primo Atila, quien se ha hecho cristiano y estadounidense en Pennsylvania; esto lo hace víctima de abusos y calumnias, hasta que, es un trabajo que hace para su primo, conoce a Harrison Lee Van Buren (interpretado por Guy Pearce) quien al ver el talento del arquitecto (que en principio no lo nota) decide contratarlo para que construya un gran instituto público que será la muestra de su grandeza (típico suelo del capitalista)
 
Durante los años que pasan en la construcción, ocurren diferentes acontecimientos que ponen en peligro la obra, así como la relación entre Toth y Van Buren; sin embargo, la obsesión del arquitecto por terminar el trabajo, se hace incomprensible para el espectador hasta el final de la película.
 
Van Buren muestra su “bondad y poder” al ayudar a Toth para que, su mujer, ahora en silla de ruedas y, la sobrina de ambos, a quien quieren como una hija, lleguen a los Estados Unidos con la ayuda del abogado judío del empresario, pero esa “bondad” se quiebra en algunas escenas, como en el momento que le arroja unas monedas delante de la mujer del arquitecto y sus invitados, cuando lo humilla en el trabajo y, cuando lo ultraja.
 
Muchas interpretaciones de la película abordan la tesis del modo cómo llegan los inmigrantes para conseguir nuevas oportunidades, la pujanza de la sociedad estadounidense durante la posguerra, la construcción del legado estadounidense en contraste con su pasado esclavista y segregacionista y, las complicaciones de una nueva vida para los que llegan. Incluso, alguna interpretación, sostiene que Toth representa a muchos profesionales, quienes sobrevivieron a los campos de concentración y reconstruyeron sus vidas, así como sus carreras en los Estados Unidos. Estas interpretaciones son correctas, pues la interpretación debe ser juzgada desde su relación y argumentación en cuanto al aspecto interpretado; empero, tenemos otra interpretación: el afán del capitalismo por poner al arte a su servicio.
 
En el año 1933, unos años antes del contexto en que nos ubica la película, Nelson Rockefeller, presidente de la junta del Centro Rockefeller, en Nueva York, contrató al famoso muralista mexicano Diego Rivera para que pintara un mural en el vestíbulo del edificio Rockefeller. El mural que Rivera pintó fue El Hombre Controlador del Universo, el cual representaba la lucha entre el capitalismo y el comunismo, colocando a Lenin como una de las figuras principales.
 
Rockefeller consideraba que la figura de Lenin en el mural, era una propaganda comunista y que, por ende, debería ser eliminada de “su mural”; ante esta cuestión, Diego Rivera se negó alegando que era una obra de arte y, no podía censurarse. Esto llevó a una disputa en los medios de la época, concluyendo en la destrucción del mural sin ser este exhibido públicamente, pero sí pagados los servicios de Rivera, porque todo se arregla con la chequera.
 
Al año siguiente, en 1934, el entonces Ministro de Educación Pública de México, José Manuel Puig Casauranc, encargó a Diego Rivera pintar el mural en el Palacio de Bellas Artes de México; esto fue luego apoyado por Narciso Bassols, quien sucedió en el cargo a Puig.
 
No concuerdo con la visión marxista o, en una de las tantas visiones que salieron como fruto de malas interpretaciones del pensamiento de Karl Marx, quienes definen al arte como una herramienta al servicio de la lucha de clases. Yo creo que el arte debe tener libertad para cuestionar la sociedad, desde una visión libre del artista, lo cual, no se puede lograr desde la visión marxista, ni desde una visión capitalista, pues ambas terminan haciendo del arte y, por añadidura, del artista, un servidor de sus intereses.
 
El filósofo alemán, Theodor Adorno (1903-1969), representante de la segunda generación de la Escuela de Frankfurt, nos presenta una interesante reflexión acerca de la función del arte en la sociedad. Para él, desde la teoría crítica, el arte debe ser autónomo y crítico de la sociedad, es decir, no necesariamente una expresión de la cultura de masas, pues no porque le guste a la mayoría, significa que es crítico. Ese aspecto lo vemos en la actualidad, donde se intenta democratizar toda expresión humana, llevando desde la decisión de la mayoría, hacia lo que se cree mejor para todos.
 
Adorno propone la idea de “arte negativo” donde plantea dos funciones del arte que deben ser diferentes a las establecidas: Capacidad del arte para cuestionar y criticar la sociedad, en lugar de reflejarla y adornarla; capacidad difícil y desafiante del arte, ante el facilismo y el consumismo del mismo. Así mismo, Adorno señaló que el arte está dominado por una industrialización capitalista que produce una cultura de masas superficial y alienante, ante la cual, el arte debe poner resistencia.
 
Esta relación, tan clara entre el arte y el capitalismo, que a la vez se ha manifestado en diferentes etapas históricas, como en el Renacimiento, cuando los Mecenas patrocinaban el arte, se traslada hasta la modernidad y, en el caso la película El Brutalista, esta relación es evidente y, no difiere en mucho de la que, probablemente tuvieron Miguel Ángel y Julio II, Sandro Boticelli y Lorenzo de Médici o, Diego Rivera y Nelson Rockefeller, por poner solo algunos ejemplos de los muchos que debe haber en la historia del arte. Es cierto que lo ideal es la libertad del artista; sin embargo, cabe preguntar: ¿Hasta qué punto la sociedad, la cultura, la educación y, el Estado en que vivimos, permite esa libertad? Porque, en muchos casos, la sociedad y el Estado, más que entender el arte, así como el trabajo del artista, termina siendo quien censura ese trabajo, por causas morales, religiosas y anacrónicas, sin intentar entender, sino simplemente censurar, porque se debe censurar.

martes, 18 de febrero de 2025

TOMANDO CAFÉ CON MICHAEL WALZER: DIÁLOGO EN TORNO A LAS ESFERAS DE LA JUSTICIA Y ACTOS CONSENTIDOS

 
El siguiente artículo es un diálogo imaginario entre el autor del presente texto con uno de los más importantes representantes del Contractualismo Filosófico: el profesor Michael Walzer, desde la obra Actos Consentidos y la propuesta del filósofo en su famosa obra: Las Esferas de la Justicia de 1982.

Cabe resaltar que es un diálogo imaginario, pero en el que el autor, desde la lectura que hizo del texto de Michael Walzer, intentando responder de la manera como, tal vez, el intelectual estadounidense lo haría. Este diálogo es producto de la afición del autor por los Diálogos de Platón, el teatro y la literatura. Espero sea del agrado de quien lo lea.
 
El diálogo ocurre en un café, después de ver la obra Actos Consentidos.
 
- Autor del artículo (AU): Buenas noches, profesor Walzer. Como admirador de su obra, es un gusto poder conservar con usted en torno a la obra teatral que hemos visto y, a la luz de su libro, Las Esferas de la Justicia.
- Michael Walzer (MW): Muchas gracias. Me alegra poder conversar en torno a un tema que trabajo hace años y, es una buena oportunidad de conversar acerca de un tema que me apasiona.
-  AU: ¿Cree usted que la justicia puede ser injusta?
- MW: Es una pregunta muy profunda y compleja de responder. La justicia la defino como una distribución de bienes y recursos que se ajusta a los principios de distribución justa que se da en diferentes esferas de la vida social.
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AU: ¿Quién define esa distribución justa?
-  MW: Debe ser definida por la comunidad política y social en la que se aplica.
-  AU: Entonces, ¿no debe ser definida desde afuera de la comunidad?
- MW: No, no puede ser impuesta desde fuera de la comunidad; por el contrario, esta debe ser defendida por los miembros de la comunidad, porque ellos son los que se benefician o se ven afectados por ellas.
-  AU: Me parece que, al ser de ese modo, ¿guarda relación con el concepto de ley?
- MW: ¡Por supuesto! La ley debe ser una, porque la justicia se debe aplicar de manera universal y obligatoria, estando diseñada para proteger los derechos e intereses de todos los miembros de la comunidad.
- AU: Luego, desde ese concepto, en la obra Actos Consentidos, hemos visto un ejemplo de cómo la ley puede resultar injusta, al no considerar los intereses de todos los ciudadanos.
- MW: Lo que ocurrió con el personaje de Gayle, es que era un tipo de ciudadano que no estaba contemplado en la ley y, se terminó dando un acto de injusticia y exclusión.
- AU: Entonces, ¿podemos decir que una ley, que representa la justicia, puede ser injusta?
- MW: Así es.
- AU: Se viene a la mente un caso muy sonado: el caso de Rodney King ¿Conoce, usted, ese caso?
- MW: Sí. Fue en 1992, cuando un jurado absolvió a cuatro policías blancos después de maltratar y golpear brutalmente a un joven negro.
- AU: ¿Es comparable con el caso de Gayle en la obra?
- MW: Creo que, en parte, porque en ambos casos se usa la ley a conveniencia de abogados que saben usarla para manipularla a su antojo; como en el caso del personaje de Edward: un abogado que usa un conjunto de leyes mal hechas a su favor. En el caso de la obra, se nota que las leyes usadas no son fruto de la deliberación. Además, de no presentar la importancia de la diversidad y pluralidad.
- AU: En la obra, podemos ver que los abogados usan constantemente la expresión: “es la ley”, como asumiendo que esta es infalible; sin embargo, en su propuesta acerca de la ley, estamos viendo que sí esta no contempla a los ciudadanos, es falible ¿Este problema de la ley se enfoca en una sola esfera o puede dirigirse a varias?
- MW: Mi propuesta en Esferas de la Justicia, señala que la justicia se debe aplicar en diferentes esferas de la vida social, tales como: política, económica, social y cultural. Estas esferas se basan en tres principios: igualdad, equidad y protección.
- AU: ¿Es posible que, usted mismo nos dé una breve explicación de esos principios? Lo que creo yo, no exime a nadie de leer tan interesante trabajo. De antemano le pido disculpas si interrumpo las diferentes definiciones que va explicando sus diferentes definiciones, pero sería bueno preguntar sobre la respuesta.
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MW: No hay problema. Es parte del diálogo. Cuando escribí Las Esferas de la Justicia, lo hice pensando en diferentes ámbitos. En cuanto a la esfera política, nos referimos a la distribución del poder y la autoridad en la sociedad, lo que quiere decir que la justicia política requiere igualdad de derechos y oportunidades para todos los ciudadanos.
- AU: Entonces, ¿desde esa visión, podemos decir que la esfera de la justicia política se puede desprender de Actos Consentidos?
- MW: Desde luego, porque en el personaje de Gayle, vemos cómo la ley, siendo manipulada por un ducho abogado, puede hacer que, aunque en apariencia haya igualdad frente a ella, en realidad la igualdad de oportunidades no se da.
Tenemos a Tim, un fiscal que no es abogado de ella, tenemos a Edward, quien va defender al acusado de haberla violado, pero ¿quién defiende a Gayle?
- AU: He leído en su obra que usted también aborda una esfera económica ¿Es posible relacionar la obra desde ese punto, así como desde la igualdad que señala en la esfera política?
- MW: Por supuesto que sí. La justicia económica se refiere a la distribución de los recursos y riquezas de la sociedad, esto significa que esta esfera requiere la distribución equitativa de recursos y la riqueza.
El personaje de Gayle, no recibe justicia porque no tiene recursos económicos para pagar un buen abogado, mientras que, el acusado sí los tiene. Cuando la justicia se aplica, según la capacidad económica de poder pagar una defensa, o no, estamos frente a un problema de injusticia.
- AU: En estos últimos años, se acusa de socialista-comunista, como si ambos términos significaran exactamente lo mismo, a los que hablamos de una redistribución económica.
- MW: Sí, se está dando esa tendencia por muchos lugares. El hablar de derechos económicos y seguridad social adecuada, no nos hace socialistas, ni comunistas y, si así fuera, qué bien; pero no es así y, no lo es por definición de dicha propuesta filosófica: el socialismo y el comunismo, que se relacionan, sin ser lo mismo, llegan a una radicalidad muy compleja y, hasta cierto punto, utópica; en cambio acá, estamos hablando de equidad, pero entendiendo las diferencias que pueden haber.
- AU: Por supuesto, porque tampoco podemos negar el esfuerzo y el trabajo de unos frente a otros. Parece que el problema radica en la intolerancia hacia un pensamiento divergente con el neoliberalismo económico; sin embargo, creo que la intolerancia viene de ambos extremos, así como de algunos sectores que se declaran centro.
- MW: Así es. El neoliberalismo, así como el comunismo, son extremos y, al ser extremos, ven a cualquiera que se les oponga, como parte de un extremo.
-  AU: ¿A qué cree que se deba ese “maniqueísmo” económico y social?
-  MW: A que la naturaleza de un extremo es ver las ideas desde un etnocentrismo fuerte, no abrirse a un término medio y, no aceptar la posibilidad que pueden estar equivocados. Es en ese lugar donde podemos encontrar las otras dos esferas donde se debe preservar la tolerancia: la esfera social y la esfera cultural.
- AU: Esa relación debe ser realmente interesante.
- MW: Sí, claro que lo es. La esfera de la justicia social se refiere justamente a los beneficios y cargas de la sociedad. Esta esfera requiere que se presenten igualdad de oportunidades, así como la protección de los grupos marginados.
En el caso de Actos Consentidos, así como en el caso de las sociedades neoliberales, esta igualdad de oportunidades no se da. Gayle no tiene la oportunidad de contar con una buena defensa de sus derechos.
- AU: En la educación, esa desigualdad la podemos ver en una educación estatal deficiente ¿Qué opina al respecto?
- MW: Creo que la injusticia, en ese caso, es evidente, pues el hecho de que haya diferencias entre la educación estatal y la privada, hay que sumarle el triste hecho de que la educación termina siendo el privilegio de quien puede pagarla, así como la justicia también puede caer en ese vicio.
- AU: ¿Qué propondría usted como alternativa al neoliberalismo económico?
- MW: Una socialdemocracia, es decir, una combinación de economía de mercado, con una fuerte regulación gubernamental y una red social de seguridad para proteger a los ciudadanos vulnerables.
- AU: ¿No cree que lo podrían acusar de asistencialista al hablar de una regulación estatal de protección?
-  MW: Me pueden acusar de muchas cosas debido a la tendencia actual de acusar; sin embargo, creo que mi propuesta no es asistencialista, sino que tiene aspectos de simple equidad, porque los problemas debe solucionarlos quien los ha provocado; el problema de la pobreza ha sido provocado por un Estado que permite que eso ocurra; luego quien provocó el problema, debe solucionarlo. Es simple lógica silogística.
- AU: ¿Cree usted que un Estado indiferente o, promotor de desigualdades es peor que un Estado asistencialista?
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MW: Creo que ambos son negativos. Lo correcto es el equilibrio, la equidad en cuanto a la repartición adecuada de justicia. Eso nos saca de cualquiera de los dos extremos: el indiferente y el asistencialista.
-  AU: Creo que nos falta abordar una esfera.
- MW: Sí, la esfera cultural. Esta es abordada desde la idea de que se debe cuidarlos recursos y la protección de la diversidad cultural. Esto implica un aspecto trabajado por Anthony Appiah y Charles Taylor: el reconocimiento, así como el modo de tratar esas diferencias.
- AU: Exactamente eso quería mencionar a esos dos importantes filósofos de este tiempo. Ambos trabajan de manera correcta el tema de la cultura, aunque también son objeto de crítica.
- MW: La crítica es el mejor homenaje que se le puede dar a un autor, porque eso significa que están leyendo tu obra. Todos los que escribimos y, postulamos una teoría, estamos expuestos a la crítica. Eso, en la filosofía, como en la vida misma, es normal.
En cuanto a Chales Taylor y Anthony Appiah, creo que, en algunos aspectos de su trabajo, estoy de acuerdo. Con Appiah concuerdo en que la cultura se forma interactuando con otras culturas, pues no es estática; sin embargo, no estoy de acuerdo de desnacionalizar la cultura, porque yo creo que la identidad cultural, está arraigada en la historia y tradición de un pueblo.
- AU: ¿Y en cuanto a Charles Taylor?
- MW: Creo, como mi colega, que la diversidad cultural es una riqueza que debe ser valorada y respetada; sin embargo, creo que su pensamiento puede concluir en darle ciertos derechos especiales a las minorías y, eso no debería ocurrir, pues los derechos deberían ser iguales para todos.
- AU: Profesor Walzer, ha sido un verdadero placer y gusto para mí, como admirador de su propuesta filosófica, haber podido compartir este diálogo después de ver Actos Consentidos y, así poder reflexionar con usted en torno a su obra y la propuesta teatral.
-  MW: Muchas gracias. Ha sido para mí un gusto ver una buena obra y reflexionar en torno a ella desde mi obra.
 
Creo que así lo imaginé, así lo propongo. Ojalá les agrade. Gracias.