domingo, 4 de febrero de 2024

LA DOCTORA: LA IMPORTANCIA DEL VELO DE LA IGNORANCIA Y LA INTOLERANCIA EN NUESTRA ÉPOCA: REFLEXIONES A LA LUZ DE JOHN RAWLS

Uno de los aspectos más atractivos del teatro es la capacidad que tiene para contar historias e invitar, a través de esas historias, a la reflexión. En esta oportunidad abordaremos en este comentario, una obra que nos lleva por los caminos de la reflexión en torno al tema de la tolerancia como elemento fundamental en una sociedad abierta.

En 1971, el filósofo estadounidense John Rawls publicó un libro titulado “Teoría de la Justicia”. En esta obra, el filósofo estadounidense propone que la justicia es la base sobre la que se debe construir el Estado. Desde esa construcción de justicia, él plantea el “Velo de la Ignorancia”, el cual, consiste en cubrirnos con una suerte de velo que no nos permita ver los prejuicios y, de esa manera, cuando nos acercamos a otros, lo hacemos sin que nuestro juicio dependa de la condición sexual, racial, religiosa, moral, cultural, y demás de los otros.

La doctora es una obra escrita por Robert Icke y dirigda por Urpi Gibbons. Se presentó este año que termina en el teatro La Plaza y tiene como personaje principal a la doctora Ruth Wolf interpretada en esta ocasión por Diana Quijano, quien realizó un estupendo trabajo en la construcción de un personaje complejo.

La obra comienza en una clínica especializada en tratar el Alzheimer. Esta clínica es dirigida por la doctora Wolf: una mujer estricta y muy respetuosa de los principios médicos. A la clínica ha llegado una niña quien se practicó un aborto ella misma ingiriendo unas pastillas que encontró en internet y compró sin receta médica. La niña está condenada a muerte y, para respetar el principio de cuidado del paciente, la doctora considera que no es prudente que se entere de su condición para que pueda morir tranquila.

En medio de la espera a que la paciente muera, llega a la clínica un sacerdote señalando que ha sido llamado por los padres de la paciente, quienes están regresando inmediatamente al país después de un viaje que han interrumpido para ver a su hija. La doctora no permite que el sacerdote ingrese a ver a la paciente alegando algunas razones éticas: la paciente no debe enterarse de su mal para no sufrir; la paciente no ha pedido explícita o implícitamente la asistencia espiritual de un sacerdote. La resistencia de la doctora Wolf provoca que el sacerdote intente ingresar a la fuerza, grabar la conversación y que ella ponga las manos para que él no pueda ingresar.

En toda esa maraña de problemas, una practicante llega para avisar que la paciente se ha enterado de su mal y se siente asustada. Consecuencia: la niña muere en angustia y sin recibir los sacramentos como el sacerdote pretendía. Esto trae consigo el reproche y las amenazas del clérigo.

Las consecuencias no se hacen esperar: acusaciones de racismo contra la doctora, pues el sacerdote es un hombre negro; a eso debemos agregarle que lo empujó, lo cual es relativo porque ella afirma que no fue así. Además, la clínica está esperando una ampliación que necesita un permiso del Estado y una serie de donaciones, las cuales que peligran a causa de una fuerte campaña en redes sociales contra la doctora. Debido a esto es acusada de racismo y discriminación a partir de su postura atea que manifiesta abiertamente.

Finalmente, obligada por las circunstancias, es sometida a ser juzgada en un programa de televisión sensacionalista donde un panel, compuesto por fanáticos religiosos, defensores del concepto tradicional de familia, detractores de la educación de género y activistas contra el racismo. La doctora, con argumentos inteligentes y racionales saca adelante su defensa; sin embargo, para una opinión pública poco informada, su actuar es reprobable y es sometida a la suspensión del ejercicio de la medicina.

Un diálogo interesante que se produce en la obra y, que es muy rico para hacer un análisis es el siguiente:

-        Ruth: ¿Cree que la fe está desapareciendo?

-        Padre; Creo que está cambiando de piel. Encontrando formas nuevas. A veces asusta… Y usted, doctora, ¿cómo se siente de volver al mundo real?

-        Ruth: Siento que lo acabo de descubrir. Y no sé si me gusta. He tomado un corazón humano latiendo como un ave en mi mano. He sostenido un recién nacido declarado muerto mientras abría los ojos y lloraba y volvía a la vida. He visto ojos ancianos mirar hacia arriba en sus minutos finales, la respiración temblando mientras la vida se les va; el cuerpo de un hombre con la carne de gallina momentos antes de morir, esperando el final de una broma para poder reírse; la sonrisa final. Como doctora observo el centro de la existencia humana. La observo empezar y terminar, empezar y terminar en esos corredores blancos, mirando el techo del hospital, con esa iluminación tan fría, tan fea. Los doctores estamos al inicio y al final de la historia. Los hospitales deberían ser tan bellos como las iglesias.

-        Padre: Le dijo la doctora al cura.

-        Ruth: Parece que somos opuestos, pero en la muerte somos lo mismo. Cuando sienta la muerte cerca, no pedirá misterio y sacramentos, sino doctores. Cuando pase, no será usted un sacerdote sino un paciente. Si su corazón falla, me buscará a mí.

El dilema existencial, así como la necesidad del hombre por tener una divinidad que le de algún consuelo en la vida y en la muerte. Esa esperanza que la divinidad constituye le da la seguridad al hombre de que, aquello que haga le garantiza una vida mejor. Esa necesidad, así como la contradicción que se puede dar entre la ciencia y la fe son una dificultad humana; sin embargo, esa contradicción parece ser solo aparente, pues finalmente ambas terminan siendo una necesidad para el hombre cuando el final de su vida queda cerca.

Lo que el espectador puede apreciar en el desarrollo de la obra es una sociedad que practica la “cultura del silencio” y la censura frente a quien no piensa como ella. Hemos visto un trato diferente hacia diferentes tipos de personas: “si piensas como yo, eres de los míos y tu actuar es el mejor; si piensas como ellos, entonces eres de ello y, no de los míos”.

Los elementos antes mencionados son parte de un Estado lastrado por el pasado, según John Rawls, cuyo modo de ser radica en la dependencia a elementos que no permiten un trato justo, es decir, igual entre los ciudadanos, siendo la Iglesia, las Fuerzas Armadas, el racismo, el sexismo y la intolerancia los elementos que no permiten crear un Estado Liberal. A eso debemos sumar el papel que juega la “Civilización del Espectáculo” en la falsa construcción de los elementos de ciudadanía. Esta civilización es aquella que vive del mal gusto y la publicidad engañosa. Esa es la sociedad que juzga a la Doctora y evita que la estructura de justicia pueda darse en su totalidad.

La tolerancia tampoco debe ser entendida como dejar de pensar con mis ideas y convertirme a la de otros; por el contrario, la tolerancia está más relacionada con un esquema de “etnocentrismo débil”, esto es, aceptar mi idea, defenderla con argumentos lógicos; pero entendiendo que el otro también puede tener la razón y nosotros estar equivocados. No se trata de defender un relativismo en el que existen dos o más verdades, sino que entendamos que cuando existe ese disenso en torno a la verdad, es porque esta se encuentra oculta, pero una vez develada, ya no tendría que existir esta divergencia.

Lo que nos presenta “La Doctora” es la intolerancia desde su máxima expresión representada en los diferentes elementos que participan en la obra y que se manifiesta contra las decisiones tomadas por el personaje principal.

 


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