jueves, 28 de noviembre de 2024

EL JOKER Y LA SUSTANCIA: REFLEXIONES EN TORNO AL DECONSTRUCCIONISMO Y LA FENOMENOLOGÍA

Hace mucho tiempo que no tenía la oportunidad de ver en una sola cartelera dos películas de tan buena calidad que me llevaran a una reflexión profunda como ha ocurrido en estas últimas semanas con nuestra cartelera local.

Hace cinco años, con el estreno de El Joker, escribí en este mismo espacio, un texto en el que comentaba las similitudes, así como el análisis del personaje, a la luz del existencialismo. En esta oportunidad, creo que el análisis se puede hacer basándose en el Deconstruccionismo y la Fenomenología, son de las disciplinas filosóficas más complejas.

No recuerdo en todos los años que llevo viendo cine, una secuela que tenga la intención directa de destruir una precuela. En el caso de El Joker 2, la intención de Todd Phillips es clara: destruir al personaje que ayudó a construir hace cinco años y que a Joaquin Phoenix lo llevó a ganar un Premio Oscar como mejor actor.

Una de las máximas del Deconstruccionismo Filosófico consiste en desestabilizar los significados establecidos mostrando las múltiples interpretaciones que puede haber y esto nos lleva a ubicar las diferentes interpretaciones y contradicciones dentro de los textos, así como los elementos que componen la realidad. Desde esta perspectiva, la película de la duda Phillips-Phoenix cumple con las funciones del Deconstruccionismo, pues no solo desestabiliza la ley de la continuidad muchas veces poco original de una secuela, sino que, además nos transporta a una nueva, diferente y fresca función dentro de las secuelas: la destrucción de su precuela y reinventar al personaje.

Es hasta cierto punto entendible la decepción de un grupo de fanáticos del personaje, ya que lo esperado es una continuidad; sin embargo, lo que presenta la pantalla es lo inesperado; este aspecto lo hace interesante: la interpretación diferente de aquello que se espera del personaje: que se realice una acción y termine ejecutando otra.

La Sustancia es una película que pertenece al género “Splatter” el cual es perturbador y no apto para todo público. En él encontramos características relacionadas con la violencia extrema, escenas brutales y sangrientas, así como un excesivo uso de efectos especiales para simular la muerte y las heridas sangrientas; sin embargo, lo que más nos interesa es la trama.

La película nos transporta por la historia de Elizabeth Sparkle (Demi Moore) una ex diva del cine, quien incluso tiene una estrella en el Paseo de la Fama y que, en la madurez de su vida, conduce un programa de aeróbicos al estilo de la década de la década de los ochentas. Su carrera entró en una etapa de decadencia y es despedida por el utilitarista y malvado jefe de la Cadena Televisiva, Harvey (Dennis Quaid). Ante la angustia de ver su mundo destruido, ella decide por recomendación de un enfermero, consumir “La Sustancia”. Esta es un químico que tiene indicaciones muy estrictas de uso: sirve para sacar tu yo potenciado, es decir, dos partes de una única persona, pero debiendo ambas convivir por turnos de una cantidad de días una y otra cantidad de días la otra persona que conviven en una sola persona. Al comienzo todo funciona, pues la nueva persona joven cumple bien el rol; sin embargo, al pasar las semanas, el trato se va alterando y, esto tre nefastas consecuencias para ambos seres que comparten la misma vida.

La situación entre ambas personas se altera porque el ser humano es un ser naturalmente egoísta y nunca se conforma con una oportunidad. Esto es debido a la naturaleza humana que no le interesa a quien sacrifique siempre que consiga su objetivo.

Esta película nos muestra, de una manera didáctica, cruda y real, la decadencia humana contemporánea que se refleja en una conciencia prejuiciosa alimentada por una sociedad construida para que el ser humano sea carente e infeliz siendo esta infelicidad fomentada por los medios de comunicación y de la sociedad de consumo contemporánea. Esta sociedad es el medio para vivir y mantenerse a través de expresiones sociales como la moda, el consumo y la belleza desde una apreciación banal del concepto.

La propuesta de la Fenomenología ante esta segunda parte de la realidad es útil para entender esta situación. En primer lugar, debemos entender que esta corriente filosófica se centra en el estudio de la conciencia tal como esta se vive: sin restricciones, prejuicios o interpretaciones externas, es decir, describir los fenómenos tal y como estos son.

Para entender mejor la propuesta, resulta imperativo definir definir dos conceptos importantes: conciencia y fenómeno: La conciencia es entendida desde la fenomenología como el núcleo fundamental de la experiencia humana, es decir, la conciencia es aquello que da sentido y constituye a los fenómenos y es intencional: es conciencia de algo, es trascendente, capta a los fenómenos fuera de sí misma; es flujo, esto es, no es estática, sino que está en continuo flujo de experiencias y es subjetiva: el yo viviente participa en la constitución del significado.

En cuanto al fenómeno, hablamos de aquello que se muestra o aparece a la conciencia tal y como es vivido o experimentado directamente. Estos fenómenos, contrariamente a lo que podemos imaginar, no necesariamente son materiales; los fenómenos no se definen por su naturaleza física, sino por el hecho de aparecer en la conciencia y ser vivido o percibido. Estas experiencias pueden ser experiencias del mundo físico, así como pueden ser experiencias internas, imaginarias o abstractas.

En cuanto a los fenómenos no materiales que debemos revisar, encontramos las emociones, los pensamientos y las experiencias espirituales (éticas y estéticas). Cabe aclarar que en la filosofía de Edmund Husserl el interés no está en distinguir entre el fenómeno material y el no material, sino el describir cómo estos fenómenos se dan a la conciencia. El modo para llegar a esta reducción fenomenológica consiste en “desaprender lo aprendido para aprender lo nuevo”.

La Fenomenología no trata la degradación de la conciencia porque su interés es describir a los fenómenos tal y como estos son, pero sí puede desviarse, ocultarse o perder claridad. Por ejemplo, para Edmund Husserl, la conciencia puede perder claridad cuando está cargada de prejuicios. Luego, es necesaria una búsqueda de claridad a través del aprender y desaprender.

Bajo estos conceptos, la degradación del ser se dará en tanto el prejuicio domine la humanidad y esto nos llevará a una existencia inauténtica heideggeriana en la que el hombre reemplaza la angustia de su existencia por la superficialidad de una vida de negación.

Estos elementos de superficialidad, negación y prejuicios de la conciencia son elementos evidentes en “La Sustancia”. En esta película se nos muestra esa sociedad vacía, carente de conciencia, inautenticidad, prejuicios y banalidad es la no aceptación de su ser.

domingo, 4 de febrero de 2024

LA DOCTORA: LA IMPORTANCIA DEL VELO DE LA IGNORANCIA Y LA INTOLERANCIA EN NUESTRA ÉPOCA: REFLEXIONES A LA LUZ DE JOHN RAWLS

Uno de los aspectos más atractivos del teatro es la capacidad que tiene para contar historias e invitar, a través de esas historias, a la reflexión. En esta oportunidad abordaremos en este comentario, una obra que nos lleva por los caminos de la reflexión en torno al tema de la tolerancia como elemento fundamental en una sociedad abierta.

En 1971, el filósofo estadounidense John Rawls publicó un libro titulado “Teoría de la Justicia”. En esta obra, el filósofo estadounidense propone que la justicia es la base sobre la que se debe construir el Estado. Desde esa construcción de justicia, él plantea el “Velo de la Ignorancia”, el cual, consiste en cubrirnos con una suerte de velo que no nos permita ver los prejuicios y, de esa manera, cuando nos acercamos a otros, lo hacemos sin que nuestro juicio dependa de la condición sexual, racial, religiosa, moral, cultural, y demás de los otros.

La doctora es una obra escrita por Robert Icke y dirigda por Urpi Gibbons. Se presentó este año que termina en el teatro La Plaza y tiene como personaje principal a la doctora Ruth Wolf interpretada en esta ocasión por Diana Quijano, quien realizó un estupendo trabajo en la construcción de un personaje complejo.

La obra comienza en una clínica especializada en tratar el Alzheimer. Esta clínica es dirigida por la doctora Wolf: una mujer estricta y muy respetuosa de los principios médicos. A la clínica ha llegado una niña quien se practicó un aborto ella misma ingiriendo unas pastillas que encontró en internet y compró sin receta médica. La niña está condenada a muerte y, para respetar el principio de cuidado del paciente, la doctora considera que no es prudente que se entere de su condición para que pueda morir tranquila.

En medio de la espera a que la paciente muera, llega a la clínica un sacerdote señalando que ha sido llamado por los padres de la paciente, quienes están regresando inmediatamente al país después de un viaje que han interrumpido para ver a su hija. La doctora no permite que el sacerdote ingrese a ver a la paciente alegando algunas razones éticas: la paciente no debe enterarse de su mal para no sufrir; la paciente no ha pedido explícita o implícitamente la asistencia espiritual de un sacerdote. La resistencia de la doctora Wolf provoca que el sacerdote intente ingresar a la fuerza, grabar la conversación y que ella ponga las manos para que él no pueda ingresar.

En toda esa maraña de problemas, una practicante llega para avisar que la paciente se ha enterado de su mal y se siente asustada. Consecuencia: la niña muere en angustia y sin recibir los sacramentos como el sacerdote pretendía. Esto trae consigo el reproche y las amenazas del clérigo.

Las consecuencias no se hacen esperar: acusaciones de racismo contra la doctora, pues el sacerdote es un hombre negro; a eso debemos agregarle que lo empujó, lo cual es relativo porque ella afirma que no fue así. Además, la clínica está esperando una ampliación que necesita un permiso del Estado y una serie de donaciones, las cuales que peligran a causa de una fuerte campaña en redes sociales contra la doctora. Debido a esto es acusada de racismo y discriminación a partir de su postura atea que manifiesta abiertamente.

Finalmente, obligada por las circunstancias, es sometida a ser juzgada en un programa de televisión sensacionalista donde un panel, compuesto por fanáticos religiosos, defensores del concepto tradicional de familia, detractores de la educación de género y activistas contra el racismo. La doctora, con argumentos inteligentes y racionales saca adelante su defensa; sin embargo, para una opinión pública poco informada, su actuar es reprobable y es sometida a la suspensión del ejercicio de la medicina.

Un diálogo interesante que se produce en la obra y, que es muy rico para hacer un análisis es el siguiente:

-        Ruth: ¿Cree que la fe está desapareciendo?

-        Padre; Creo que está cambiando de piel. Encontrando formas nuevas. A veces asusta… Y usted, doctora, ¿cómo se siente de volver al mundo real?

-        Ruth: Siento que lo acabo de descubrir. Y no sé si me gusta. He tomado un corazón humano latiendo como un ave en mi mano. He sostenido un recién nacido declarado muerto mientras abría los ojos y lloraba y volvía a la vida. He visto ojos ancianos mirar hacia arriba en sus minutos finales, la respiración temblando mientras la vida se les va; el cuerpo de un hombre con la carne de gallina momentos antes de morir, esperando el final de una broma para poder reírse; la sonrisa final. Como doctora observo el centro de la existencia humana. La observo empezar y terminar, empezar y terminar en esos corredores blancos, mirando el techo del hospital, con esa iluminación tan fría, tan fea. Los doctores estamos al inicio y al final de la historia. Los hospitales deberían ser tan bellos como las iglesias.

-        Padre: Le dijo la doctora al cura.

-        Ruth: Parece que somos opuestos, pero en la muerte somos lo mismo. Cuando sienta la muerte cerca, no pedirá misterio y sacramentos, sino doctores. Cuando pase, no será usted un sacerdote sino un paciente. Si su corazón falla, me buscará a mí.

El dilema existencial, así como la necesidad del hombre por tener una divinidad que le de algún consuelo en la vida y en la muerte. Esa esperanza que la divinidad constituye le da la seguridad al hombre de que, aquello que haga le garantiza una vida mejor. Esa necesidad, así como la contradicción que se puede dar entre la ciencia y la fe son una dificultad humana; sin embargo, esa contradicción parece ser solo aparente, pues finalmente ambas terminan siendo una necesidad para el hombre cuando el final de su vida queda cerca.

Lo que el espectador puede apreciar en el desarrollo de la obra es una sociedad que practica la “cultura del silencio” y la censura frente a quien no piensa como ella. Hemos visto un trato diferente hacia diferentes tipos de personas: “si piensas como yo, eres de los míos y tu actuar es el mejor; si piensas como ellos, entonces eres de ello y, no de los míos”.

Los elementos antes mencionados son parte de un Estado lastrado por el pasado, según John Rawls, cuyo modo de ser radica en la dependencia a elementos que no permiten un trato justo, es decir, igual entre los ciudadanos, siendo la Iglesia, las Fuerzas Armadas, el racismo, el sexismo y la intolerancia los elementos que no permiten crear un Estado Liberal. A eso debemos sumar el papel que juega la “Civilización del Espectáculo” en la falsa construcción de los elementos de ciudadanía. Esta civilización es aquella que vive del mal gusto y la publicidad engañosa. Esa es la sociedad que juzga a la Doctora y evita que la estructura de justicia pueda darse en su totalidad.

La tolerancia tampoco debe ser entendida como dejar de pensar con mis ideas y convertirme a la de otros; por el contrario, la tolerancia está más relacionada con un esquema de “etnocentrismo débil”, esto es, aceptar mi idea, defenderla con argumentos lógicos; pero entendiendo que el otro también puede tener la razón y nosotros estar equivocados. No se trata de defender un relativismo en el que existen dos o más verdades, sino que entendamos que cuando existe ese disenso en torno a la verdad, es porque esta se encuentra oculta, pero una vez develada, ya no tendría que existir esta divergencia.

Lo que nos presenta “La Doctora” es la intolerancia desde su máxima expresión representada en los diferentes elementos que participan en la obra y que se manifiesta contra las decisiones tomadas por el personaje principal.