En
estos días he sido testigo de muchas intervenciones acerca de la nueva ley de
descuentos y aportes para los trabajadores independientes. Las opiniones son
variadas, y como todas las personas, yo tengo la mía.
En
primer lugar, creo que es necesario que todas las personas paguen impuestos al
Estado porque de algún lugar debe salir el dinero para los gastos del país,
pero no creo que este pago debe ser algo que se encuentre por encima de las
posibilidades de los trabajadores, es decir, si ganamos un sueldo inferior a lo
que necesita una persona para vivir, y no me refiero a la miseria que es el
sueldo mínimo vital en el Perú, sino a una cantidad menor a los 2 500 0 3000
soles, no debería haber un descuento tan grotesco como el que tenemos. Por
tanto, el descuento, que ya se da a partir de los 25 000 al año para los que
somos independientes, se paga y se ha aceptado, aunque también eso va a cambiar
con la administración corrupta de la SUNAT.
En
segundo lugar, en el Perú se confunde el tener “cultura tributaria”, término
que utiliza el gobierno para justificar los descuentos con su nuevo socio: AFP
Hábitat, con presionar por el lado de la
gente que menos tiene, sino preguntemos: ¿Por qué se quiere ajustar los
tributos a la gente que gana menos, a las pequeñas farmacias o bodegas que
abren en un barrio y a la semana están cerradas y nadie le dice nada a
Telefónica o los clubes de fútbol? Porque si no lo saben a ellos se les va a
condonar la deuda nuevamente; en cambio, el resto de mortales, sí tenemos que
pagar impuestos. A eso le dicen: “los peruanos no tenemos cultura tributaria”.
En
tercer lugar, se escucha en estos días el siguiente argumento de Causa Falsa:
“Lo que pasa es que el estado no tiene la obligación de pagarle a alguien que
no trabaja para él y felizmente ya no tenemos un estado asistencialista que da
todo a las personas. El estado debe ayudar a que las `personas ahorren porque
los peruanos no estamos acostumbrados a eso”. Interesante, pero vamos a analizar
esto: Nadie pide que el estado sea asistencialista, pero se está comportando
como un estado tutelar, pues nos considera menores de edad a los cuales hay que
cuidar de su irresponsabilidad, ya que no somos lo suficientemente maduros para
hacerlos nosotros. ¡Cuánta equivocación! Porque en un país libre, si quiero
ahorro y si no, el estado no tiene que preocuparse porque al no aportar, el
estado no tiene obligación económica y ahí debe quedar la relación. Además
mucha gente trabaja mejor con su dinero sin necesidad de una supervisión
estatal, pues como mencionó Richard Webb en una entrevista del domingo 10 a la
República: “Hay mucha inversión en propiedades de parte de la gente en el país
y probablemente no podrían hacer esa inversión si no contaran con ese dinero
que se les piensa descontar"
En
informe de la República (domingo 10 de agosto del 2014) podemos apreciar un
cuadro estadístico en el que se nos muestra un 60% de afiliados cobrando menos
que el sueldo mínimo. Eso que debió cuidar el estado, no lo ha hecho; en cambio,
quiere hacer creer a la gente que le preocupa su futuro en la jubilación. Más
que de un “estado asistencialista”. Yo hablaría de un estado que busca abusar
de la gente que menos tiene o que se crea sus oportunidades de trabajo, como
somos los trabajadores independientes.
Como
mencioné líneas más arriba, no me encuentro en contra del pago de tributos,
pero sí estoy en contra de la estafa contra el pueblo y la mala educación,
porque una persona que piensa que los peruanos somos débiles mentales, para creer
que esta nueva ley es por el bien de los trabajadores independientes, nos toma
por débiles mentales y es mal educado pensar eso.
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