lunes, 1 de marzo de 2021

EL CASO ANA ESTRADA: UNA REALIDAD PARA REFLEXIONAR

 ¿Qué tiene en común Holanda, Bélgica, Colombia, Luxemburgo, España y Canadá? Me podrían decir que son países y buscar cualquier otras similitudes, pero para la intención de este artículo es reflexionar en torno a otro aspecto que tienen en común estos seis países: la legalización de la eutanasia. Entiendo que es un tema controversial y es adecuado para conversar dentro de una sociedad que necesita dialogar en cuanto a lo que es necesario para nuestra convivencia.

El jueves 25 de febrero vimos la noticia que el Poder Judicial, después de largo tiempo y de muchas peticiones, aprobó que Ana Estrada sea asistida en el proceso que empezó hace algún tiempo con el fin de acabar con su vida de una manera que ella considera digna, pues el modo en que vive ya no es digno para ella, y creo que para muchas personas (necesitar ayuda para cualquier necesidad que tengamos y no poder valerse por sí mismo podría considerarse indigno para muchos). En este caso me gustaría empezar con una idea que propone el psiquiatra estadounidense Karl Menninger en su extraordinario libro "El hombre contra sí mismo". En esta obra afirma que el hombre es un ser autodestructivo y que dentro de todas las especies, es el único animal que muestra esa característica. Si vemos lo que ocurre en nuestra sociedad, pues parece que Menninger tiene razón y lo que está ocurriendo con la pandemia, no es otra cosa que la coronación de esta actitud. Creamos armas, destruimos el ecosistema y nos matamos por papel o por objetos. Me parece que puede haber un poco de incoherencia al cuestionar la decisión de Ana Estrada, pero defender la mercantilización del ser humano, la privatización minera irresponsable que acaba con los recursos y envenena la vida (no la minería responsable y consciente, si es que la hay en Perú), ganar dinero a costa del hambre de los demás, no cuidar la salud de los ciudadanos, u otros aspectos que afectan la vida y la dignidad humana.

Hace unos años tuve la oportunidad de ver la película "Mar Adentro" con un extraordinario Javier Bardén en el papel de Ramón Sampedro, un hombre que por muchos años luchó para que el Gobierno de España, que no había aprobado la eutanasia en 1998, le permita morir después de un accidente que lo dejó tetrapléjico a los 25 años después de un accidente en la playa (él era marino y escritor). En el contexto de la película, se da una conversación entre el personaje de Sampedro y un sacerdote que sufre la misma enfermedad. El sacerdote, como parece obvio trata de convencerlo que él sabe de lo que habla porque también sufre. Entiendo que el argumento es que él sufre y sabe lo que se siente y por eso lo conmina a seguir viviendo; sin embargo esa es una decisión personal del sacerdote, y como tal se respeta, pero ¿eso nos da pie a no aceptar la decisión del otro que ya no encuentra dignidad en una vida atada a una cama y por la cual ya perdió incluso el poder de decidir cuándo ir o venir e incluso ir al baño? Coincido en este punto con una afirmación de Mario Vargas Llosa en un artículo titulado "El derecho a morir" en su columna "Piedra de toque" del 3 de enero del 2021, en el que afirma que intentar defender la vida de una persona que ya no puede sostener esta con dignidad, equivale a una "macabra broma", pues un enfermo terminal o para el que la vida ha perdido sentido a causa de un mal que no lo deja vivir bien es injusto y que se le debe ayudar a ejecutar la decisión que ha tomado, precaviendo que esta decisión sea firme e inevitable, en caso de la enfermedad que padece, es decir, no estamos apoyando un asesinato, estamos apoyando la decisión de una persona con un mal irreversible y que después de pensar y con la comprobación médica, se ha decidido dar el paso hacia la muerte. No es un eufemismo de asesinato o suicidio, es una práctica distinta.

Algunas veces tendemos a olvidar que la muerte es el fin natural de la vida y que nacemos para morir. Los existencialistas del siglo XX parecían tener clara esa idea (Albert Camus, Jean Paul Sartre o Martin Heidegger). Tratamos de hablar acerca de la vida con mucha dignidad (aspecto que me parece loable), pero cuando hablamos de la muerte la evitamos e incluso hasta la vemos como un aspecto indigno de la existencia y tratamos de evitar si quiera pensarla. Si una persona toca el tema de la muerte durante el almuerzo o en una conversación lo evitamos y le pedimos no hablar de temas "desagradables", viviendo lo que Martin Heidegger llamaba una "existencia inauténtica", pues no aceptamos que también nos puede ocurrir. La muerte la vemos lejana a nosotros; sin embargo, si es parte natural de la vida ¿Por qué la vemos con indignidad? Incluso no nos damos cuenta que nuestro deseo porque el otro no muera es egoísta, porque pensamos en el dolor y el sufrimiento que nos va a causar a nosotros su ausencia, pero no pensamos en el alivio que la muerte puede ser para aquella persona que sufre en una vida que ya no es feliz, ni buena.

Me gustó un argumento reflexivo que usó Josefina Miró Quesada en El Comercio del 8 de enero del 2021, cundo se debatía el tema del pedido de Ana Estrada: "la muerte digna es eso: elegir cómo deseamos partir. Desconocer esa libertad es mezquino, pues no hay ser más autorizado que uno para saber cuánto más resistir una vida que es fuente de dolor y sufrimiento". Desgraciadamente la vida se puede convertir en fuente de dolor y sufrimiento cuanto la persona que la vive no solo no encuentra la subjetiva felicidad, que como sabemos es un constructo hecho de momentos, sino cuando objetivamente la persona ya no tiene la capacidad de ejercer su libertad de la misma manera que la ejercemos todos, o los dolores de una enfermedad terminal son tan intensos, que quien la padece, humanamente ya no lo soporta. Concuerdo que para tomar esta decisión, la persona no debe tomar una decisión apresurada y poco pensada. Debe pasar, como en los países donde está aprobado, por la supervisión de cuatro médicos que determinen que la decisión es consciente y la enfermedad en verdad es irreversible. Después de cubrir esos requisitos, recién podemos hablar de eutanasia. Por eso, creo que las condiciones deben ser claras, y la más importante debe ser la imposibilidad de vivir de la manera como se está viviendo y de la manera más objetiva posible.

Entiendo que la vida es un derecho, pero ponerle fin de manera personal, también debería serlo. La persona que recurre a la eutanasia no es necesariamente un suicida, pues existen algunas diferencias como los motivos, los medios a los que recurren en diferentes casos y lo meditada que puede ser la decisión. Me dio mucha lástima escuchar las declaraciones del señor Rafael López Aliaga quien afirmó que Ana Estrada debería tirarse de un edificio o cortarse las venas en una tina caliente. Además de ser una triste comparación, puede resultar hasta ofensiva hacia las personas que recurren a esa desesperada medida por causas como la depresión o la desesperación. Felizmente el Colegio de Psiquiatras, a través de un comunicado ya se encargó de ubicar un poco a nuestro empático candidato presidencial (piensen su voto) Yo soy católico y siento vergüenza que en la Iglesia haya gente como ese señor y que sea considerada como un paradigma del catolicismo. Ana Estrada sostiene que ella ama la vida y por ese motivo ya no quiere seguir viviendo de la manera tan dolorosa como vive y creo que mis creencias religiosas no deberían obligarla o cuestionarla en la decisión que ha tomado. Incluso tratando de ponerme en su lugar y ser empático, tal vez yo pediría lo mismo. No está obligando a otros que lo haga, es una decisión personal y eso es lo que se debería respetar.

Dentro de mi concepto de catolicismo, nunca pude entender la idea que algunos grupos han querido enseñar de Dios: como un ser castigador y el que ve el sufrimiento en el mundo como una forma de purificación. Creo que si Dios ama al hombre, no desea su dolor y que al crearlo libre, este goza de esa libertad para obrar en torno a su vida. Puede sonar hereje lo que escribo, pero gracias a Dios esto ya no es la Edad Media y no iré preso por eso, a menos que gane las elecciones el señor López Aliaga e implante nuevamente una inquisición al estilo de un estado franquista; de lo contrario, gozaré de mi libertad y rezaré para que eso no ocurra.

El argumento religioso de la preservación de la vida como un don que Dios da al hombre es un argumento que sirve para quienes somos creyentes, e incluso para algunos como el que escribe, la dignidad es una enseñanza más importante de la religión, pero esa discusión es para los creyentes. Para quien no cree, ese argumento no es válido, pues la creencia es una decisión personal y no obligada. Además, la ley del Estado no debe basarse en leyes religiosas y no debe regir desde la religión, ya que esa sería la característica de un estado confesional. Muchos creyentes podrían decir que el derecho a la vida va más allá de la religión, y es verdad, pero en este caso, es la persona libre y racional quien decide acabar con una vida que es suya; y no de otros. Por ende el que decide por la vida es la misma persona que es dueña de su propia vida.

Creo que este es un tema que también debería ser tratado en algún momento, pues no podemos ser indiferentes ante los cambios del mundo. Hoy, la decisión del Poder Judicial es discutible como anticonstitucional y es desde ahí desde donde se creará la polémica; es por eso que debe discutirse con mayor razón el tema y ver si la eutanasia se legaliza o no en nuestro país; y de legalizarse hay que cuidar que se legisle sin afectar la conciencia del cuerpo médico, pues hay algunos que son católicos y por un tema de conciencia preferirían no participar en esta práctica, estando en su derecho, pues no debemos olvidar que existe el "objetor de conciencia", y así como defendemos la libertad de decisión de quien tomó la decisión de no vivir, debemos defender la libertad de quien no quiere participar por cuestión de sus creencias.  

En estos momentos nuestro país está pasando por problemas más urgentes y esa discusión probablemente se de dentro de algún tiempo, y es desagradable ver la politización que le dan al tema algunas personas que desean que la vida se entienda a su manera y por eso se hacen llamar provida, pero no debemos olvidar que así como Ana Estrada, hay muchas personas que esperan que en algún momento, pongamos este tema en el debate; mientras tanto, sigamos atendiendo los demás problemas del país.