
Cuando empiezo a escribir estas líneas, el Perú está pasando por una de sus peores crisis en diferentes aspectos: moral, solidaria, sanitaria, mental, política y económica. Lo trágico es que todas se encuentran unidas de alguna manera y encuentro muy complicado separar una de otra, y por eso creo que, es más complicado aún salir de esta crisis. Alguna vez, comentando con un grupo de amigos les digo: "dan ganas de ser indiferente ante lo que ocurre; no leer periódicos, ni ver noticieros", y supongo que ese es el sentimiento de muchos compatriotas y amigos, a los cuales no juzgo por hacer lo que yo quisiera, pero no puedo. Será mi formación o mi necesidad de saber lo que ocurre, o tal vez, algún sentimiento autodestructivo y masoquista que desconozco, y que me hace seguir ahí. Por ende, quiero compartir con aquellos que tengan el bien de leer este pequeño artículo, algunas reflexiones que me suscitan esta última semana, la cual, en mi opinión, es de las más terribles que estamos pasando (perdí dos amigos, un conocido, un vecino saturando 60 y el Perú perdió a Osvaldo Cattone) y que tal vez a más de uno haga caer en la más profunda depresión.

El domingo 7 de febrero llegaron al Perú las vacunas del laboratorio chino Sinopharm, exactamente 300 mil, que alcanzarán para 150 mil ciudadanos y este fin de semana 700 mil que completarán un lote de 1 millón, para empezar y me parece bien; sin embargo no comparto el triunfalismo y la parafernalia que se planteó alrededor de ellas (protección militar como si llevaran plutonio, cámaras de televisión y poco más, fuegos artificiales). Personalmente, hasta la redacción de este artículo, no estoy convencido de vacunarme; además que no me gusta el epíteto de "precientífico, poco civilizado o ignorante" con los que algunos medios de comunicación califican a los que estamos en contra de esta vacuna, pues debo aclarar que tampoco soy anti vacuna: tengo todas las que una persona de mi edad debe tener, pero eso no significa que esté de acuerdo con esta. Tengo mis razones que creo son válidas y aunque parto de la premisa que puedo estar equivocado, no considero que lo esté en este momento; por eso defiendo mi postura con argumentos, que es como intentamos demostrar la verdad de nuestras tesis en el mundo civilizado, y si en algún momento queda demostrado que me equivoqué, lo aceptaré. No me niego a una posibilidad futura de vacuna, pero por ahora no comparto el deseo de vacunarme. Mis razones son muy simples:

1. Una vacuna debe pasar por tres fases para ser aprobada y eso no lo digo yo, pueden buscar las infografías en diferentes medios de comunicación escritos del mundo, así como los pasos del método inductivo quienes lo explican. La fase 3 consta de experimentos que se deben realizar por un lapso de 1 año, y ninguna ha empezado a probar fase 3 hace un año, luego, no han terminado fase 3. Se han ido aprobando con permisos especiales de los Estados, que es válido; sin embargo no han finalizado. Esto me lleva a una pregunta del punto 2.
2. ¿Cuál es la intención de apurar las fases? Si es salvar vidas, me parece bien, pero no garantizan los daños colaterales. Ningún laboratorio se hace responsable por otros daños que puedan tener los ciudadanos a quienes se aplique la vacuna. Acá en Perú murió una persona que fue voluntaria de Sinopharm y el laboratorio dijo que lo que a esa persona se le había inoculado era placebo, y que la causa de la muerte fue otra; pero yo me pregunto ¿Podemos fiarnos 100% de lo que nos informa el laboratorio? Les dejo la pregunta. Espero que nadie me diga que es una vida nada más, como he escuchado en alguna parte, porque creo que ahí tendríamos que empezar hablar del valor de la vida humana.
3. En un informe del semanario "Hildebrandt en sus trece" correspondiente a la semana entre el 29 de enero, al 4 de febrero del 2021, en la página 6, señala, a causa de la crisis para vacunar en Europa que, en Alemania entre el 60 y 70% de los médicos y enfermeras no quieren vacunarse porque no hay suficiente información sobre las vacunas y el día 12 de febrero en Tumbes 14 médicos que estaban programados para la vacuna la rechazaron por los mismo motivos, según el programa de Juliana Oxenford, quien está de acuerdo con la vacuna. Entonces, yo me pregunto: ¿son solo ignorantes y personas contrarias a la ciencia quienes están en contra? Las posturas del mismo cuerpo médico están encontradas, aunque un sector de la prensa, en muchos casos nos quiera "demostrar" que todos están de acuerdo y que los que no estamos convencidos somos una suerte de ignorantes y supersticiosos. Creo que el problema va más allá y querer descalificarnos por eso, no me parece válido. Entiendo que hay una verdad y el tiempo la descubrirá.
4. Es cierto que la vacuna es en estos días el medio de protección más confiable, pero ¿hasta cuándo lo será? En Sudáfrica ya tenemos una cepa que es resistente a la vacuna Astrazeneca y las mutaciones también pueden llegar o darse acá. Por tanto, ¿hasta qué punto podemos pensar que la vacuna seguirá siendo efectiva? Yo veo más un interés económico en fabricar la vacuna, que un verdadero interés científico por combatir realmente la enfermedad.
5. Les recomiendo leer el interesante e investigado reportaje de Alonso Ramos y Rebeca Díaz en el semanario "Hildebrandt en sus trece". En este reportaje, intentan responder a la pregunta ¿Por qué el gobierno chino se niega a publicar los resultados de los ensayos clínicos? Es interesante observar que los costos de la vacuna china, su efectividad y el no saber cómo va el proceso, así como una muerte en el camino con sus implicancias, nos pueden ayudar a comprender que no es un simple capricho el estar en contra. Se los recomiendo, no haré el "spoiller" y supongo que es difícil cuestionar la seriedad y el trabajo de investigación que exige un reportaje en el mencionado semanario.

Otro punto que me gustaría abordar es el egoísmo que ha sido desnudado a causa del proceso de vacunación en el mundo y la llegada de estas al Perú. El día lunes 8 de febrero, el programa "Beto a saber", el cual vi, presentó un reportaje acerca de lo que llamaron "turismo médico". En este programa se propuso la posibilidad de ir a Chile a vacunarse de manera gratuita, pues se argumentaba que a este país del sur, le sobraban las vacunas e iban a vacunar a todo aquel que vaya. Incluso presentaron el presupuesto para el viaje. Lo que me llamó la atención fue que Beto Ortiz dijo literalmente que los que pueden se irán a vacunar a Chile y que se puede ir por tierra, o por avión, el que más tiene dinero; y que él apenas pueda se irá a vacunar, es más, una semana antes dijo que había ido a Miami para intentar hacerlo. Es su dinero y es su programa y opino que puede hacer lo que él desee con eso, pero yo veo acá dos problemas: el primero es que el gobierno de Chile, por medio de la cancillería, decidió desmentir la noticia, o como él dice, retractarse; eso nos ha hecho ver como un país de arribistas, oportunistas y convenidos. En segundo lugar, el término "turismo médico" ¿No hace en sí que la posibilidad sea solo para algunos y excluyente para otros? Ojo, que estoy tratando de dilucidar si hay egoísmo o no en torno a la vacunación; no si es posible que el que tenga medios económicos lo haga.
Dos días después del referido hecho, en el mismo programa, en un reportaje, revelaron que Martín Vizcarra se había vacunado en octubre del 2020, cuando empezaron las pruebas de Sinopharm. Todos los peruanos sabemos la persona que es Martín Vizcarra: mentiroso, tiene acusaciones de corrupción y honestamente, no me extrañó que se haya vacunado en octubre; empero, hay algunos aspectos con respecto a este tema que me gustaría presentar, con algunas cuestiones que quienes estén siguiendo el artículo, se puedan formular.

Antes de formular las cuestiones ofrecidas, voy aclarar que entiendo y sé que hay problemas más urgentes en el Perú: mueren más de 200 personas al día, no hay oxígeno, no hay camas UCI, las ollas comunes se mantienen de mendigar, miles de compatriotas han perdido el trabajo, cientos de negocios han quebrado, el nivel de delincuencia, a través del robo, sicariato y otros actos delictivos nos siguen debilitando; la educación pasa por un pésimo momento, los niños están mentalmente deprimidos, al igual que muchos adultos, la salud mental parece no importarle a nadie y tenemos una de las peores gestiones del mundo; sin embargo me interesa resaltar que a esos problemas, el egoísmo es uno más, y que al parecer, esta pandemia no nos ha enseñado a ser lo solidarios que debimos aprender a ser durante este último año.
1. Martín Vizcarra alega que él fue voluntario en las pruebas de Sinopharm para la vacuna y que incluso se le inyectó placebo. Eso es muy difícil de creer y la justicia tendrá que probar la mentira o la verdad de esa afirmación, pero cuando una persona es voluntaria para un proceso médico como este, lo es porque quiere, nadie la obliga, nadie la coacciona y puede abandonar la prueba cuando su voluntad lo quiera. En Perú, el sistema de voluntarios colapsó a la hora de abrirse la convocatoria. Hace unas semanas los voluntarios exigen que se les ponga la vacuna a ellos de manera especial y antes que se les ponga a los demás ciudadanos porque esa era parte del traro. Los tratos deben cumplirse, aunque me pregunto ¿fueron desinteresados al entrar como voluntarios? Si lo fueron, entonces no deberían exigir nada y si no lo fueron, me parece que no deberíamos canonizar su supuesta entrega, porque en verdad no lo fue. Bajo esta premisa, Vizcarra recibió la vacuna que recibieron los voluntarios en octubre y esta es la misma, bajo el mismo riesgo. A menos que a él le hayan inoculado una en mejor nivel, lo que nos llevaría al problema de la inseguridad y autenticidad de laboratorio que nos ofrece la vacuna.
2. ¿Lo que hizo Martín Vizcarra es diferente a los que quieren hacer los que desean ir de "turismo médico" a Chile y vacunarse gratis, o los que quieren ir a otro país a vacunarse? Es verdad que Vizcarra era presidente del Perú y que ha ocultado la verdad, hizo mal uso de su posición política, que puede haber recibido dinero por firmar el trato y todo eso, pero la pregunta es ¿es diferente en tanto intención? ¿No es el mismo deseo de "asegurarme" y que el otro se fastidie o que me importe poco si el resto de compatriotas muere? Pues acá lo que importa es mi vida, aunque el otro muera. Creo que si vamos a cuestionar la moralidad de lo que hizo Vizcarra, tendríamos que vernos a nosotros mismos también y saber qué nos molesta realmente: que lo haya hecho o que nosotros no hayamos podido hacer lo mismo, sin importarnos el otro.
3. Hace un mes Fernando Cillóniz decía en una entrevista que él era de la opinión, así como muchos periodistas, empresarios y políticos, que el Estado debería permitir que las empresas particulares colaboren en el proceso de vacunación presentando dos argumentos: el primero defendía la tesis de que al ingresar las empresas particulares en la distribución de la vacuna, este proceso se haría más rápido, pues el que tiene dinero podrá pagar por la vacuna y así el Estado quedará más libre para vacunar a los que menos tienen. El segundo argumento defiende la tesis de que es un socialismo absurdo y una idea de "caviares" querer "emparejarnos a todo hacia abajo" y lo que falta en este país es "emparejarnos hacia arriba", esto es, darle el acceso a todos. No podemos negar la bondad de estos argumentos, pero también tendríamos que plantearnos algunas preguntas en este punto: ¿Podemos garantizar que los empresarios no van a especular con los precios de las vacunas? ¿Podemos asegurar que no se va abrir un mercado negro de las vacunas? El hecho de que los que más dinero tiene accedan a las vacunas y los que no tiene esperen, ¿es un modo de "emparejarnos hacia arriba"? ¿Estamos nuevamente ante el egoísmo de que tenga acceso a la vacuna quien pueda pagarla y el resto que se fastidie, disfrazando esa actitud de un interés por que el Estado tenga menos trabajo en el proceso? Son algunas cuestiones que les dejo para nuestra reflexión personal.
4. El Congreso, haciendo nuevamente gala de su egoísmo, y cuando pensamos que es casi imposible que salga algo peor de ellos, nos sorprenden ingratamente. Esta vez un individuo, llamado Napoleón Vigo, del partido Fuerza Popular, solicitó en el Pleno del Congreso que ellos y sus asesores, deben ser vacunados, debido a que también están en la primera línea. Este pedido produce una mezcla de vergüenza, lástima por nosotros mismos y asco por la representación que tenemos. Además, vemos claramente el egoísmo de este sujeto, que piensa como deben pensar otros congresistas. Es interesante saber que la señora Keiko Fujimori declaró que ella no estaba al tanto y se desentendía del problema ¿Se desentenderá igual cuando Vigo tenga que pagarle el tributo del partido? Pues debe pagarle en calidad de dueña del partido. Una muestra más de egoísmo en un Congreso que quiere juzgar a todos por incapacidad moral cuando su comportamiento no difiere con el que podríamos encontrar en un tugurio de delincuentes.
Creo que Martín Vizcarra debe responder a la justicia por todo lo que pueda haber hecho y que debe tener el derecho a defenderse. Esta idea la he presentado en artículos anteriores. En opinión del autor de este artículo, Martin Vizcarra va llegar al Congreso porque es hábil e inteligente y sabrá esquivar la investigación y poner paños fríos. Está comprobado que ha hecho un mal uso de sus habilidades y serán la justicia, así como la historia, quienes se encarguen, y ojalá me equivoque y no salga electo; sin embargo me interesa que demos una mirada interior y nos demos cuenta que esta pandemia no va dejarnos siendo egoístas, que debemos ser coherentes en cuanto lo que proponemos. Si nos molesta el egoísmo de un individuo, pues no lo seamos nosotros. Si no limpiamos nuestra casa, ¿cómo queremos que otros lo hagan?
Debo reconocer que muchos empresarios, de manera desinteresada y buena, así como ciudadanos de a pie han demostrado que son mucho mejores que nuestra clase política. Han ayudado a muchas personas con oxígeno, repartición de mascarillas y otras ayudas que no tiene en muchos casos ni siquiera el apoyo del Estado para darles la seguridad por su vida, pues su generosidad afecta a las mafias que quieren aprovechar la situación traficando con el oxígeno que es vital para nuestros compatriotas. Estos honestos y generosos ciudadanos no solo son ejemplo, sino que de alguna manera nos dan esperanza que esto puede ser mejor.
Empecemos a pensar como una colectividad para no morir como una individualidad. Esperemos salir de esto.