jueves, 30 de abril de 2020

EL RENACIMIENTO: REFLEXIONES EN TORNO A LA PANDEMIA Y A LA LUZ DE LA LÁMPARA

"La habitación es el lugar donde el fraile habla con Dios, estudia y descansa" Tomado de las Constituciones de la Orden de Predicadores.

El Renacimiento fue un movimiento europeo que se dio entre los siglos XV-XVI. Este movimiento cambió la cultura en su totalidad, pues transformó el mundo que el hombre conocía hasta ese momento y en diversos campos: arte, ciencia, política, filosofía, religión, etc. El hombre salía de la Edad Media, donde no podemos negar arte y cultura, pero sí un predominio eclesiástico que ahora cambiaría y que haría un mundo diferente para el hombre.

El hombre del Renacimiento, probablemente no era consciente de lo que ocurría, así como ningún hombre es consciente en su totalidad del cambio que está surgiendo. Los hombres vivimos en el tiempo, este transcurre y los verdaderos alcances de lo que sucedió en nuestro momento se ven incluso mucho tiempo después que hemos muerto. Eso ha ocurrido en la historia y es muy probable que siga ocurriendo, y digo probable, porque en lo que refiere al ser humano, es muy difícil decir o precisar la última palabra.

He querido titular así este artículo porque me parece que la humanidad, en este momento se encuentra frente a un nuevo "Renacimiento" y con él, una nueva oportunidad de ver el mundo y la realidad, desde la perspectiva que esta crisis mundial nos ofrece.

El Covid-19 o Coronavirus ha sido decretado una Pandemia y como tal afectó a toda la humanidad. El desconocimiento de este virus, que es nuevo, y en opinión de los científicos, aún estamos conociéndolo y tratando de entenderlo. En el Perú, el primer caso se reportó el seis de marzo del 2020 y en el mundo, ya algún tiempo antes. En el caso del Perú, se han tomado diferentes medidas para tratar de frenar este problema y son medidas que aunque han costado,se han tratado de respetar, pero no por todos, y personalmente, quien escribe, ha podido aprovechar el tiempo, porque como está en la cita inicial: pude meditar, estudiar, leer libros pendientes, escuchar buena música, ver películas que quería ver hace tiempo, aprender un poco de arte, a dar clases virtuales, hacer vídeos y un nuevo método de enseñar, así que personalmente no entiendo cuando la gente dice: "me aburro en casa"; sin embargo, sí entiendo que la economía ajusta, y sigue ajustando a las personas y esto ha traído una serie de problemas que vemos de manera lineal, es decir desde nuestra perspectiva; cuando la visión debería ser circular y desde una totalidad, esto es, desde el conjunto de la sociedad.

Todo esto ha sido una oportunidad para aprender el cómo deberemos vivir en el nuevo mundo que se abrió para nosotros, pues debemos entender que hay un antes y un después de la Pandemia y ese es justamente el Renacimiento que debemos observar y ante el cual poder levantarnos y aprender. Para esto quisiera mencionar algunos puntos que he tratado de reflexionar y me gustaría que, aquellas personas amables, quienes se molestan en leer este artículo, me acompañen a revisar.

Primero. Nuestra relación con las humanidades hace mucho tiempo había sido una relación utilitaria y poco a poco las habíamos dejado de lado. La filosofía, la literatura, el arte, la música, el buen cine, el teatro y la historia; dejaron de ser importantes ya hace algún tiempo o habían sido consideradas prácticas de una "élite" y no para todos. Algunos gobiernos, sino la mayoría, las han considerado poco importantes, las han sacado de los planes escolares o universitarios, les han dado horas para "llenar tiempo hueco" e incluso encargado a cualquier persona para que pueda ocupar un tiempo por el que se le paga; pero un interés real, hace tiempo no lo hay. La pandemia nos ha mostrado que aquellas artes, que consideramos "baúl" o de locos, hoy nos han salvado del aburrimiento, el tedio y han aportado riqueza espiritual al hombre. Esa riqueza que también el hombre del Renacimiento encontró en el nuevo desarrollo de su mundo.

Esta pandemia nos ha mostrado que esa tecnificación que hemos querido hacer del hombre y esa deshumanización, no puede ayudar al ser humano en un tiempo en que este necesita otras salidas, que son necesarias para enriquecerlo como tal.
Nos han querido hacer pensar que somos máquinas para la producción y no seres que podemos reflexionar, pensar y enriquecernos todos los días, para llegar a ser mejores. Mucho del tedio que sufre el hombre contemporáneo, ha sido causado por esta insana idea de haberse dedicado al consumo y a la vida utilitarista, de tal modo que no encuentra sentido al estar en casa; piensa que es una tortura, no sabe de qué conversar con los suyos y no tiene salidas, pues el estar fuera de casa y consumir todo lo que podía, llenó durante mucho tiempo sus vacíos, pero ahora, esos vacíos han quedado desnudos y es tiempo de volver a esas humanidades que pueden ayudar a reflexionar la vida y pensarla de otra manera.

Segundo. Con lo dicho en el primer punto no quiero decir que la ciencia y la tecnología no nos han dejado nada; ¡por su puesto que no! El legado de la ciencia y la tecnología nos ayuda mucho para superar esta crisis, y prueba de ello es que gracias a la tecnología hemos tenido acceso a una serie de conocimientos que no teníamos y hemos descubierto usos que ignorábamos: algunos hemos aprendido a crear estrategias didácticas novedosas, grabar clases de diferentes modos, hacer conferencias por red y usar programas que existían y que gracias a lo ocupada de nuestras vidas no nos habíamos dedicado a aprender, ver películas, obras de teatro, visitar museos; y demás actividades que muchos generosos artistas y centros culturales tuvieron a bien liberar para que la humanidad pueda disfrutar de ellas. El mundo tiene una deuda con estas generosas personas e instituciones. Empero, lo que he tratado de denunciar es la deshumanización en la que hemos caído por el abuso, no el uso humanizante que sí puede tener la tecnología.

Es cierto, y comparto con muchos colegas y amigos, que no hay nada como una educación "cara a cara" en la que interactuamos en vivo los seres humanos, me parece muy cierto; sin embargo, si consideramos que estamos frente a un Renacimiento, tendremos que considerar también que el modo de impartir la educación, puede llegar a cambiar y tal vez, solo tal vez, el modo en que tendremos que educar sea el virtual por mucho más tiempo del planeado y nuestras relaciones se tornen a este ámbito. Cuestiono este modo, pero no puedo cerrar los ojos y negar que lo hemos hecho y que sí es posible, pues las herramientas están y puede ser que la educación virtual haya llegado para quedarse.

Desde la visión filosófico-cultural, este punto nos trae muchos cuestionamientos. Uno de ellos, que ya se han planteado algunos pensadores en estos días se centra en la pregunta: ¿para quién es conveniente este uso que estamos haciendo de los medios? ¿está beneficiando a algunas personas? Ese tal vez es el punto que debemos reflexionar en esta parte y tratar de discernir si en verdad hay un beneficio oculto o estamos viendo fantasmas ¿Qué opinan ustedes?   

Tercero. Hemos visto en este tiempo hermosas manifestaciones de arte, sobre todo musical: personas que desde sus balcones han cantado bellas piezas de las más afamadas melodías que el hombre ha compuesto, haciendo así un concierto para todos los vecinos que teníamos que "quedarnos en casa" y la tecnología ha colaborado en que estas manifestaciones sean llevadas a los demás y eso está muy bien; aunque con mucha pena diré que todavía tenemos personas que no saben apreciar este aporte, e incluso alegan que es su obligación, cuando en verdad es el trabajo con el que se ganan la vida y tiene el bien de compartirlo. Muchos, incluso, generosamente, han dado clases virtuales de música y baile.

La crisis también nos va enseñar nuevas manifestaciones artísticas y este también cambiará, pues sabemos que el arte no es estático, sino que se mueve al ritmo de la sociedad, la cultura y el tiempo; pasando así a la historia. En el Renacimiento del siglo XVI, el arte sufrió un cambio y para muchos críticos fue una de las mejores épocas de expresión artística de la humanidad. Eso se pudo lograr gracias la cambio de época y de coyunturas. En este caso, está ocurriendo lo mismo y no nos debe extrañar que en algún momento tendremos esas nuevas manifestaciones. Lo que cabe por preguntar  es ¿cómo será y qué forma tendrán esas nuevas manifestaciones? ¿cómo trasladarán los artistas esa nueva realidad que nos ofrecerá este mundo a la música, la danza, la pintura y las nuevas manifestaciones y modos que se vayan dando? Es una cuestión interesante tratar de responder estas preguntas.

Cuarto. Por mi vocación, mis estudios y mi trabajo, no puedo obviar el Renacimiento filosófico: tanto el europeo, como lo que ocurre en el siglo XXI. Las reflexione de los filósofos modernos, con respecto al tipo de gobierno y el estado no era unilaterales, es decir, entre ellos se crearon muy buenas controversias. Thomas Hobbes y Nicolás Maquiavello sostenían la idea de un gobierno fuerte, en el que el poder se concentrara en un hombre (El Leviatán en el primero y el Príncipe en el segundo) donde el segundo incluso propone que el hombre que encarna el modelo de príncipe era César Borgia, quien la historia reconoce como uno de los sujetos más perversos que pudo haber y el primero sostiene un pacto de paz que descansa en la espada. John Locke, Jean Rousseau e Inmanuel Kant, por el contrario se inclinan por una postura más democrática y proponen un estado que sea servidor del ciudadano y que proteja su libertad y su propiedad, claro que con distintos matices.

Esta situación que vivimos, nos lleva a pensar de manera bastante similar a la de estos padres de la política moderna, pues hemos podido observar que, por el modo de actuar de muchos hombres, parece que nos inclinamos al modelo autoritario y ese es el que quiere imperar. Los países han puesto una serie de normas para que los ciudadanos no sufran los contagios de esta enfermedad; sin embargo, los ciudadanos hacen caso omiso, y muchos gobiernos tiene que ejercer cada vez más la coacción del ciudadano y este parece obedecer más por miedo, que por racionalidad, actuando de esa manera como un "menor de edad kantiano" y no como un sujeto racional y libre; responsable de sus actos y autónomo. La pregunta es, 500 años después, ¿tan frágil es la libertad humana que aún necesitamos ser coaccionados? ¿tanta puede ser nuestra inmadurez, que a pesar de tener libertad, no la podemos usar de manera provechosa?, y por otro lado, ¿tan difícil es plantear medidas satisfactorias para sostener la economía? ¿tan importante es el dinero que puede valer la salud y la vida de los ciudadanos?

Creo que esta es una prueba más de cómo es que en las humanidades podemos encontrar las respuestas al actuar del ser humano y seguir discerniendo el problema. El rechazo a la filosofía, que se da en muchos círculos pseudo científicos y pseudo intelectuales ha provocado que el hombre caiga en este vacío de reflexión y no se de cuenta que en la historia del pensamiento existe una respuesta importante  a la cuestión que hoy nos aqueja: la pandemia.

Escucho mucha gente decir: "¿cuándo volveremos a nuestra vida normal? ¿cuándo volveremos a ser lo que fuimos? En este punto yo respondería dos cosas: primero, lo que conocimos como normalidad no volverá nunca, porque esta enfermedad ha marcado un antes y un después, y segundo, ojalá que nunca volvamos a ser lo que fuimos. Trataré de explicar estas dos afirmaciones desde el concepto de Renacimiento.

Cuando afirmamos que esta enfermedad ha marcado un antes y un después, queremos decir que nuestra seguridad en nuestra supuesta invulnerabilidad física, a causa del avance de la ciencia se ha desmantelado y nuestro temor a la muerte se ha hecho realidad en esta circunstancia. El hombre ha entendido su fragilidad y se ha dado cuenta que es un ser, que a pesar de todos los avances, no es el ser que creía ser; y ahora, debe renacer entendiendo que esa debilidad humana es justamente lo que nos hace humanos; y a partir de ese concepto, es donde nos vamos tener que formar nuevamente, replantear nuestra vid, nuestras metas y nuestra razón.

Nuestras relaciones ya no serán iguales y nuestra relación con la muerte tampoco, pues esta generación no había visto una pandemia que se llevara tantas vidas (y las que aún nos falta por ver) como en estos tiempos en que la gente muere por un virus que parece incontrolable y con los sistemas de salud mundial colapsados. La cuestión que deberíamos plantearnos en este punto es ¿cómo es que nos vamos a relacionar después de esta pandemia? pues el miedo a que el otro me pueda contagiar de algo, hará que mida mis vínculos de otra manera y mis demostraciones afectivas se transformen, según la realidad que me toca vivir. Podrán inventar vacunas y medicina, pero nuestra generación, difícilmente podrá olvidar que un virus nos hizo sentir débiles e invulnerables en el momento en que menos nos sentíamos así y que a pesar de la grandeza tecnológica que habíamos logrado, moralmente, hace mucho tiempo, somos unos pigmeos. Por eso yo opino que lo que conocimos por normalidad no debe  volver y no volverá, si es que hemos aprendido algo de esto; de lo contrario, volveremos a ser la vergüenza a la que habíamos llegado con nuestra conducta consumista, así como nuestra vida vacía y carente de sentido.

Quiero concluir señalando que espero que no nos descuidemos, y mucho menos pensemos que cuando tengamos una vacuna o una cura a este mal, intentemos volver a ser lo que fuimos. Quiero dar un voto de confianza al ser humano y tengo la esperanza que hayamos aprendido de esta lección que la humanidad nos ha dado y aprendamos a respetar la naturaleza y el mundo. Espero que este Renacimiento del siglo XXI, deje al hombre una enseñanza productiva y entienda que es ahora cuando debemos cambiar y renacer de verdad.